El escritor elegante

Posted: enero 15, 2012 in Entrevistas, Textos Propios

Entrevisté al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez para la revista otroLunes. Me encantó conocerlo aunque cruzamos muy pocas palabras. Me costó muchísimo entrevistarlo, pero valió la pena el esfuerzo. Y nada más qué agregar, la introducción lo dice todo. 

El escritor elegante


A principios de Mayo de 2011, poco después de haber ganado el premio Alfaguara de novela, Juan Gabriel Vásquez visitó Santiago de Chile para dictar una conferencia en la Cátedra Bolaño de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales. Pienso ahora, por ejemplo, que en buena hora se me ocurrió grabar su conferencia sobre Hadyi Murad, el relato de Tolstoi, porque en la fila de atrás se sentaron tres muchachas a comentar, entre susurros y risas, los atributos físicos de Juan Gabriel, incluyendo su voz y su acento.

Un amigo en común nos había presentado a la distancia, por correo electrónico, y luego conversamos muy poco, no más de diez minutos antes de la conferencia y unos cinco después. Intercambiamos datos, además, porque para esa fecha, ya tenía yo en mente este dossier y le pedí una entrevista. Recuerdo ahora que cuando leí –con fascinación– Los Informantes e Historia secreta de Costaguana, me pareció que Juan Gabriel Vásquez tenía un estilo muy elegante. Cuando conversé con él –ese poco tiempo fue suficiente para darme cuenta– me pareció, además, un tipo elegante. Lo que me pasó después me confirmó, además, que es un hombre extraordinario.

Como por motivos de tiempo no alcanzaba a entrevistarlo en Chile, le pedí que organizáramos el tiempo y habláramos por teléfono. Entre correos que van y que vienen y, sobre todo, entre la infinidad de viajes y compromisos que él mantiene, logramos finalmente fijar una fecha. Lo podía llamar a Colombia, en donde estaría de paso, el día domingo 5 de Junio a las 7 de la tarde. Pero no lo llamé. Por primera vez, en muchos años de entrevistar personajes, dejé plantado a un entrevistado, y para agravar el asunto, ese domingo ni siquiera me acordé de la cita que teníamos. Al día siguiente, por supuesto, apareció en mi buzón virtual un correo suyo preguntándome qué había sucedido, por qué no lo había llamado. Mientras lo leía, sentí que la cara me ardía de la vergüenza. Intenté responderle inmediatamente con una excusa infalible que escondiera la verdadera razón por la que me olvidé por completo de mi compromiso. Ensayé muchas veces algo que no me hiciera sentir tan mal por mentir, pero no fui capaz. Entonces le escribí a Juan Gabriel la verdad: esa semana me había ocurrido una tragedia. Una de esas desgracias que caen como meteoritos y destruyen todo a su paso. Le pedí las disculpas del caso y, creo que por el dolor de lo que estaba viviendo, le di a entender que la entrevista se posponía por tiempo indefinido.

De vuelta, Juan Gabriel me envió un correo bellísimo que nunca olvidaré. Yo no le respondí nada, ni siquiera le di las gracias. Tal vez esto no me justifica, pero en aquel momento solamente quería suspender toda mi vida por mucho tiempo y eso incluía hasta los compromisos editoriales que mantengo desde hace años. En mi cabeza se quedó clavada una sola idea: esa entrevista ya estaba perdida.

Varios meses después, en la rutina diaria de revisar el correo temprano en la mañana, me encontré con un nuevo correo de Juan Gabriel. Eran tres líneas: el saludo, el mensaje y la despedida. El saludo y la despedida acostumbrados. El mensaje me dejó impávida: sólo quería saber de mí. Sólo quería saludarme y saber de mí y de cómo llevaba aquella desgracia que le conté en su momento.

(Sé que con esta historia me estoy saltando alguna de esas reglas insaltables del periodismo. Sinceramente, no me importa. Llevo casi diez años entrevistando personajes, escritores, periodistas, artistas… Entrevistar siempre me ha parecido un arte dentro del periodismo, un arte que trato de dominar, de pulir. Sé que no lo consigo todavía y que tal vez nunca lo consiga, pero la gran compensación de cada entrevista es esa suerte de lotería en la que te puedes sacar un gran premio al final: un amigo nuevo, por ejemplo. A veces, sin embargo, no es un premio lo que uno se lleva sino un tremendo disgusto. Tengo un amigo periodista que teme que lo manden a entrevistar escritores que admira, porque no quiere decepcionarse con esa persona que escribe tan bien pero que a lo peor resulta ser alguien despreciable).

Se me vino un alud de respuestas posibles a la cabeza. No sabía, no supe, explicarle a Juan Gabriel, exactamente, lo que me parecía su gesto. O, mejor dicho, me devuelve la fe en la humanidad que una persona con la que prácticamente no has intercambiado más de quinientas palabras, se tome la molestia de levantarse un día y escribir aunque sólo sea una línea para preguntarte por una desgracia que te sucedió muchos meses atrás y de la que perfectamente se podía haber olvidado por completo. Seamos honestos: en estos tiempos de indolencia, un gesto así –y viniendo además de un escritor, oficio que muchos ejercen con prepotencia– demuestra, como mínimo, grandeza de espíritu.

Tengo claro que los caracteres que le gasté a esta historia los debí administrar explicando por qué me gustan las novelas de Juan Gabriel, o recordándole a los lectores que su novela más reciente, El ruido de las cosas al caer, resultó premiada. Pero no lo hice porque preferí hablar de un hombre noble. Para conocer al escritor basta leer sus novelas. O esta entrevista. Si quieren.

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Pascua

Posted: diciembre 25, 2011 in ArcoLibris trae...

¡Felices Pascuas!

 

Verano

Posted: noviembre 28, 2011 in Textos Propios

El verano es, normalmente, una época luminosa. Pero este año no lo es ni lo será. A menos que un par de cosas cambien radicalmente, pero uno no puede ser tan optimista en esta vida y pretender que un día para otro las cosas cambien así, como por arte de magia. Como dirían los españoles: “me lo tengo que currar”. Pero yo ya estoy cansada de eso. Me cansé de trabajar por todo y de no ver ningún resultado y de que más encima todos, absolutamente todos, seguramente contagiados por el mal de Coelho, crean que es por mi actitud. El verano ha llegado. Es temporada de renuncias.

La “zurdez” y el editor

Posted: noviembre 26, 2011 in Textos Propios

Soy zurda y desde muy pequeñita me ha costado muchísimo escribir con el cuaderno recto. Cuando lo hago, cuando intento poner recto el cuaderno, la mano tiene que pasar por encima de lo que ya está escrito y las palabras, los dibujos y lo signos se ensucian, se manchan, se esparcen por todo el cuaderno. Después de un tiempo escribiendo así, además, empieza a nacer un dolor infame en el hombro y la muñeca. Para escribir bien, pues, tengo que torcer el cuaderno. Ya este no queda en la clásica posición de rectángulo horizontal, sino que pasa a ser uno completamente vertical. Las personas me miran con extrañeza y algunos hasta simulan “torcerse”, de la misma forma que yo tuerzo mi cuaderno, en un esfuerzo por entender cómo consigo escribir sin problemas así; cuando hago eso, cuando el cuaderno está bien torcido, las letras nacen con menos dolor. La “a” parece una “a” de verdad y la “o” deja de estar a dieta y vuelve a ser la rechonchita de siempre. La “L” con la que comienza mi nombre tiene las curvitas adecuadas, las que me enseñaron las monjas y que nunca he podido reemplazar. La “zurdez” me ha ayudado a comprender y valorar con admiración y compasión el oficio del editor en el ciclo vital de un texto: cuando no tengo un editor amigo, como me sucede desde hace unos días, mis textos resultan como si los hubiese escrito a mano y con el cuaderno recto.

Tristeza moderna

Posted: noviembre 24, 2011 in Textos Propios

Me duelen como dieciocho mil correos electrónicos y un librito de tamaño pulga.

Desahogo

Posted: noviembre 21, 2011 in Textos Propios

Ayer me enojé con “T” y él se enojó conmigo y nos dejamos de escribir para siempre. La distancia, que es una constante en mi vida, se acentuó entre nosotros. Él, que está al otro lado del océano, ahora quedó a lo mejor al otro lado de la galaxia,  y yo para él. Y esta mañana, cuando llegué a la oficina, tenía una bandeja de problemas esperando a que los degustara. Compruebo todos los días, con un poco de horror, que eso de “El último pasillo”, para referirme a Chile, no era sólo una broma.

My name is Laurita. AfroLaurita.

Posted: noviembre 6, 2011 in El Espectador

Publicado originalmente en HojaBlanca.net

Hace unos días los medios anunciaron que la ley colombiana antirracismo ya ha sido “elevada al Presidente” para su aprobación. No puedo transcribirla acá completa, pero encontré que, entre otras, sancionará las conductas discriminatorias que tengan lugar en espacio público, establecimiento público o sitio abierto al público, así como también las que se lleven a cabo mediante la utilización de medios de comunicación de difusión masiva; la seguida por servidor público o persona en ejercicio de las funciones propias del cargo que ostenta; la que se dé a causa o con ocasión de la prestación de un servicio público; la que se dirija contra niño, niña, adolescente y/o persona de la tercera edad, y la que impida al agredido el uso, goce y disfrute de uno o todos sus derechos fundamentales.

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Cosas muy simpáticas se ven entre las redes sociales y los blogs. Miren esta historia: hace unos días, este diario decidió cerrar «Una verdad incómoda», uno de los blogs que albergaba en su plataforma online. El cierre se debió al mal uso que hizo el autor del blog – alguien que firmaba como «Maximus_troll» –, utilizando su participación en El Espectador y su condición de blogger del diario para replicar a una polémica que había tenido a través de su cuenta de Twitter con otro periodista – Camilo Andrés García –, a quien llamó “mongólico”. Camilo, con una cantidad no despreciable de seguidores en la citada red, se puso en campaña, carta de por medio a El Espectador, para alertar sobre ese mal uso que estaba haciendo «Maximus_troll» del nombre del diario. Entre otras cosas, Camilo pidió que se le cerrara el blog.

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En internet circula el video que enlazo (ojo, que es bastante fuerte) en donde se ve a unos militares uruguayos, pertenecientes al cuerpo de paz de la ONU desplegado en Haití, violando a un hombre haitiano. El video en sí es atroz y más aún lo es la declaración oficial de la ONU: “se trata de una broma pesada”. Mi amigo, el escritor uruguayo Jorge Majfud, me envía esta nota sobre el tema.

 

Nuestro pequeño Abu Ghraib

Por Jorge Majfud

Un reciente informe, referido al video donde se ve la violación de un haitiano por parte de militares uruguayos integrantes de los cuerpos de paz de la ONU, dice que “una investigación preliminar de las Naciones Unidas determinó que el vídeo, pese a vulnerar varios reglamentos de la Misión de Estabilización para Haití de la ONU (Minustah), no registraba en realidad una violación sino una broma pesada llevada a cabo por los militares”. Que es como decir que si no hay penetración no hay violación, apenas “una broma de mal gusto”. Un vergonzoso concepto de parte de un organismo internacional, la ONU (para la cual algunas veces colaboré con escritos, por pedido directo de su casa central), que sólo sirve para promover o justificar la violencia moral.

La verdad, me quedo sin fuerzas anímicas para responder semejante idiotez de una forma más analítica. Sólo quisiera saber si alguno de aquellos burócratas o patriotas trasnochados definirían semejante violencia amoral de la misma forma si la victima hubiese sido alguno de sus familiares y no un anónimo haitiano. Estoy seguro que cualquiera de ellos se recuperaría más fácilmente de un golpe en la cara que de semejante golpe moral. Pero se supone, como lo indica la tradición, siempre viva aunque travestida, que los pobres de piel oscura no tienen semejantes sensibilidades y lo soportan todo.

Ese es nuestro pequeño Abu Ghraib, en proporción a nuestro PIB, aunque la historia es mucho más larga, como ya sabemos. Pero sea como sea, no nos queda opción que denunciarlo y resistirlo. Algunos prefieren soslayarlo y hasta excusarlo, enfermos del peor patriotismo. Otros, como aquellos uruguayos que lo han hecho público en los medios y en las redes sociales, solo pueden responder a la vergüenza que sienten los seres humanos de verdad, no porque semejantes aberraciones sean cometidas por militares uruguayos, no porque sean cometidas por “compatriotas”, sino porque son cometidas por algo parecido a seres humanos que luego se convierten en respetables esposos, abuelos y por ahí hasta en héroes.

 

Ficciones Íntimas

Posted: agosto 29, 2011 in Cositas sueltas

Hubo un niño que siempre que prendió la televisión se encontró con una telenovela. En cualquier canal: una telenovela. A cualquier hora: una telenovela. Aprendió a sentir, a hablar, a pensar como en las telenovelas. Cuando fue adulto se encontró con el mundo real y se dio cuenta de que había gente que vivía mejor que él; gente que nunca había visto telenovelas. Se gastó el resto de su vida tratando de ser como ellos pero ya la idiotez se había apoderado de él.

Murió agobiado esperando el momento en que apareciera la palabra “fin”.

 

por Jorge Franco

 

Revista Poder

Edición final