Don Rafael Pombo

20 11 2009

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Fui a recorrer las librerías de viejo de San Diego (en el centro de Santiago) sólo porque tenía nostalgia de Tito, a quien puedo ver en contadísimas ocasiones y por unos pocos minutos. El caso es que terminé llevándome una sorpresa del tamaño de un buque, o más. Pequeñísimos detalles pueden remover un cementerio de recuerdos y revivir a los muertos – más que muertos, yo diría dormidos – que allí descansan. Detalles como un libro infantil en una librería de viejo, por ejemplo.

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Dios te salve, poeta…

18 11 2009

HuidobroFernandez,Vicente

“¿Qué tanto murmuras?”, me preguntó un día Jacobo. “Es un poema”, le contesté. Desde entonces Jacobo insiste en que estoy un poco loca y que vivo en un mundo de fantasías poéticas. Afortunadamente no estoy sola, porque, diga lo que diga, él secretamente me acompaña.

Sucede que de las 24 horas que tiene el día debo dedicar 8 a una trabajo que dista años luz de la literatura y el periodismo, entonces, a veces, los poemas como que se cuelan por rendijas insospechadas, como los cajoncitos de una planilla excel, las líneas de un talonario de cheques o las anillas de un archivador gordo y pesado. A veces me pregunto si yo persigo a la poesía, o es ella la que me busca y se aparece por todos lados. Si soy yo la que se obsesiona con los poetas o son ellos los que me fijan como objetivo de sus dagas de versos. No lo sé.

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Croniquita futbolera

16 11 2009

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¿Qué es lo peor para alguien a quien no le gusta el fútbol? Pues que el fútbol lo siga a todas partes. De niña, en mi casa, la pasión futbolera no la vivían los hombres (el hombre más bien: mi abuelo) sino las mujeres. A mi abuela no había poder humano que la levantara de su silla a la hora del partido y mi abuelo, que no podía vivir despegado de ella, se sentaba también en su sillón pero caía dormido a los cinco minutos, aunque poco le duraba el sueño porque diez minutos después lo despertaban los gritos de mi abuela: que un penal, que el árbitro, que el arquero, que el mediocampista, que el volante…

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En el siglo de Dorian Gray

15 11 2009

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La culpa de este devaneo es de Casisocio, con quien tengo, o trato de tener en realidad, negocios que no nos llevarán a ninguna parte porque él es muy usurero, adorable, pero usurero, sin embargo esa es otra historia. Lo cierto es que Casisocio vive obsesionado con la eterna juventud y la muerte. Con la eterna juventud porque a sus cuarenta y tantos se siente viejo (entonces yo ya no sé qué es ser joven). Creo que ese lugar común que es “el peso de los años” se comienza a vivir a cierta edad, es verdad, pero creo también que Casisocio exagera. Luego, su obsesión con la muerte es un poco más provechosa porque al menos algún libro ha quedado con el tema de la muerte paseando por maravillosas líneas (recuerdo, por ejemplo, que por sus obsesiones leí “Las intermitencias de la muerte” de José Saramago, un libro inquietante en cuanto al tema: nadie muere y todos están condenados a una especie de vejez perpetua).

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Nostalgia gastronómica

13 11 2009

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Cuando mi acento me delata delante de los chilenos (lo que cada vez sucede menos), lo primero que me preguntan es si extraño a Colombia y qué es lo que más extraño. Después de todos estos años uno tiene ya casi aprendido el libreto: la familia, los amigos, la calidez humana y la climática, sobre todo esta última. Sin embargo, el otro día agregué un elemento a todo eso: la comida. En un principio no la echaba tanto de menos, porque lo novedoso siempre llama la atención y en Santiago se pueden comer sobre todo muchos y muy buenos mariscos y fanática como soy de todo bicho de mar, pues me sentía feliz. Pero cuando los mariscos, los asados y el vino dejaron de ser novedad y se transformaron en rutina (especialmente el asado y el vino), empecé a soñar con arepas para desayunar todos los días, buñuelos y un día anduve con unas ganas indecibles de un cholado.

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Enamórame, escritor, enamórame…

12 11 2009

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Hace unos días, el escritor chileno Jorge Edwards compartió detalles de la investigación que lleva a cabo para su próxima novela, titulada, por el momento, “La muerte de Montaigne”. A modo de abrebocas, Edwards contó una anécdota sobre Montaigne que ya está desarrollando en su novela y que transcribo textual: &quot(…). El caso es que Montaigne recibió una carta de una lectora y la lectora le dice que tenía 22 años – y el tenía 56 – pero que ella leyó sus ensayos cuando tenía 17 y le dice así: ‘quedé completamente traspuesta y desde entonces sólo pienso en usted y yo le quiero pedir que usted me adopte como hija de alianza’, no le dice hija adoptiva. Y entonces le da cita a Montaigne en París en donde ella está de visita porque es del campo también. Se sabe que Montaigne la fue a visitar. Se sabe que ella lo invitó a su casa de campo y que él anunció que iría por tres días y se sabe que él se quedó por cuatro meses. Y no se sabe si hubo una relación con esa chica, es posible que no, incluso. Pero hay una escena que esta escrita: él camina con ella por la orilla de un río en el campo; él le dice: ‘búscate un hombre de tu edad y déjate de soñar con viejos como yo’ y a ella le dio un ataque de rabia cuando él dijo eso y ella tenía un moño y se sacó el pinche con que se sujetaba el moño, una cosa de metal, y se pegó varias estocadas en el brazo, andaba sin mangas porque era verano, y entonces salió un chorro de sangre y se sabe que Montaigne la consoló. Ahora, ¿cómo la consoló?… Bueno, como yo soy un escritor que tengo esa manera conjetural, a ver si hago una conjetura de como fueron esos consuelos.

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Héctor Abad Faciolince en Chile: “el futuro que no fue”

1 11 2009

Debería escribir este post como una reseña impersonal y colocar cosas como:  “El 27 de Octubre se presentó en la Cátedra Roberto Bolaño de la Universidad Diego Portales, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince con su conferencia ‘El futuro que no fue’”, y hacer como que no lo conozco y tomar esa distancia de las notas meramente informativas que anuncian quién vino, a qué vino, brevemente lo que dijo y adiós.

Lo cierto es que a Héctor lo conozco desde muy niña, tendría unos doce años cuando en mi casa circulaban sus artículos en las revistas para las que los escribía. Lo conozco desde mucho antes de que casi toda Colombia llorara al compás, en 2006, con “El olvido que seremos“, una memoria novelada (si es que podemos clasificarlo así) que ya va en la edición 15 o algo así y que lo llevó por Latinoamérica y el mundo explicando por qué sólo pudo escribirla después de veinte años del asesinato de su padre, protagonista de la obra. Puedo decir que lo conozco desde obras como “Tratado de culinaria para mujeres tristes” y en esta me quiero detener, porque además de ser otra obra de género inclasificable, mi vecina de blogs acá, doña Cecilia García-Huidobro, dijo cuando presentaba a Héctor que le causaba curiosidad leer esta obra, teniendo en cuenta que ella no es muy buena para la cocina. La verdad es que es un libro de lectura muy interesante para las que no sabemos cocinar o no lo hacemos tan bien, así que me gustaría obsequiárselo, así, de una mujer que no es buena para la cocina a otra que tampoco lo es. Y ojalá ella lea esto.

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Juanes en La Habana…

9 10 2009

Por Jorge Franco

Antes de su concierto en La Habana, el cantante Juanes notó que el maletero era igual al taxista, igual al botones, era el mismo mesero, el mismo barman, se le pareció al maraquero de la orquesta de la piscina, al masajista que embadurnaba a Olga Tañón, al cocinero. Le parecía un gemelo de la señora que le arreglaba la cama, del hombre que le llevó el roomservice, del que manejaba el Coco Taxi, del que le ofreció jineteras en la calle y del tipo en la plaza que le picó el ojo a Bosé. Le pareció que todos eran uno solo. No lo hubiera dudado si supiera lo empobrecida que está la nómina de la inteligencia cubana.

Publicado originalmente en el Número 081 de la Revista Poder

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Agradecimientos especiales a Jorge Franco (en la foto) escritor y director de cine colombiano, quien muy gentilmente me permite reproducir estos apartados que se publican mensualmente en la Revista Poder con el sugestivo título de “Ficciones íntimas”.





Ticio Escobar: “Chile logra hablar por encima de la cordillera y más allá del mar”

9 10 2009

Uno de los trabajos periodísticos más bellos que he tenido que realizar, sin duda, ha sido el de cubrir la primera Trienal de Artes Visuales de Chile, en exclusiva para el proyecto de cultura online 6Columnas.com, un naciente medio de comunicación, muy ambicioso (del que ya les hablaré en más detalle), dedicado única y exclusivamente a temas culturales. Por el momento, les dejo acá la entrevista que tuve oportunidad de realizar anoche al curador general de esta Trienal y Ministro de Cultura de Paraguay, señor Ticio Escobar, quien muy amablemente se dio unos minutos para hablar conmigo sobre el arte y sus límites, en el marco de la inauguración de la exposición “El terremoto de Chile”, curada por el divertidísimo artista español Fernando Castro Flórez.

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Raymond Radiguet: los chicos también escriben clásicos

4 10 2009

JOUES_EN_FEUDetrás de la menuda figura de un joven de tan solo dieciséis años, se esconde un amante apasionado, un niño irresponsable, pero también un hombre temerario, un rebelde, un irrespetuoso absoluto de las normas sociales y el protagonista de El diablo en el cuerpo (Le diable au corps) de Raymond Radiguet, quien la escribió la grosera edad de diecinueve años.

El diablo en el cuerpo es la historia de un muchacho de dieciséis años que se enamora de su amiga Marthe de dieciocho. La relación de ambos sería mal vista por la sociedad pero curiosamente es cuando Marthe se casa que ambos comienzan seriamente su romance, aprovechando las prolongadas ausencias de Jacques, el marido de Marthe, quien se encuentra batallando en la guerra. Esta ficción tiene sin embargo su plano en lo real, puesto que está basada en la vivencia personal de Radiguet quien a los quince años sostuvo una relación sentimental con Alice un par de años mayor que él y casada con un soldado. Esta relación lo marcó profundamente y por tanto la modificó brevemente para darle tintes más dramático hasta convertirla en esta novela, hoy considerada un clásico de la literatura.

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