ROBERTO GOMEZ BOLAÑOS: HAY RISAS QUE SON ETERNAS

Posted: noviembre 29, 2005 in Artículos
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La vecindad del Chavo

La vecindad del Chavo

Hay cosas que trascienden épocas. En mi infancia, la televisión no fue precisamente una protagonista, porque la desconfianza que por ella sentían mis abuelos, me impidieron verla con la misma libertad que un niño de ahora. Solo a los catorce años, y gracias a los esfuerzos que nos llevaron el cable, pude ver sin restricción otros programas, que no fueran solamente los de la National Geographic, los noticieros y “El Chavo del Ocho”. Y acá quiero detener mis líneas. Se sabe que de todos los niños latinoamericanos que tienen acceso a la televisión desde de los años setenta, han sido asiduos de un programa que ha trascendido las barreras idiomáticas e incluso culturales muy importantes. “El Chavo del Ocho”, “Chespirito” y “El Chapulín Colorado”, son solo algunos nombres que el inagotable ideario de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, convirtió, hace más de treinta años, en indiscutibles éxitos televisivos. Y fueron, en mi caso particular, los únicos programas que se me permitieron ver durante los primeros años de mi infancia. Cuando, incluso, ya llevaban muchos años de existir, pero que nunca han muerto. Años más tarde, cuando hacíamos un trabajo que analizaba las influencias positivas y negativas que los medios de comunicación masivos ejercen sobre niños y jóvenes, entre los ocho y los quince años, me di cuenta que yo sólo conocía un buen programa de humor entre los muchos que podían pulular en los canales. Cualquiera que se tratara del inventario de Roberto Gómez Bolaños. Y ¿qué puede suceder especialmente con estos programas, que hoy por hoy se transmiten en toda Latinoamérica, que hacen reír igual que al principio, que han sido vistos por muchas generaciones? Curiosamente, aunque sean muy diferentes y hayan marcado una época, los personajes creados por Roberto Gómez, son tremendamente comerciales. Hoy en día, en países como Perú, Paraguay, Bolivia y México, se comercializan diferentes productos alusivos al Chavo, La Chilindrina, Kiko ó el Chapulín Colorado, entre los que se pueden contar álbumes de las series, dulces con la forma de los personajes, figuras de plástico, o accesorios como el chipote chillón. Esto, es sin duda, una forma de mantener vigente y de sacarle el mayor provecho, también, a todos esos personajes entrañables. Pero esa vigencia comercial, que les permite a distintas empresas atraer a su público infantil, no sería nada, sin las

El Chapulin Colorado

El Chapulín Colorado

vivencias, ocurrencias y gracias con que nos han sorprendido los personajes de Gómez Bolaños, tras la pantalla. Tiempo antes de que surgiera la idea del Chavo del Ocho y su vencidad, Gómez Bolaños había ideado a los Súpergenios de la mesa cuadrada y a “Chespirito”, un hombrecito que hacía sketches de mesero, limpiador o barrendero, acompañado además por los inigualables actores que más tarde también fueron parte de la vecindad del Chavo del 8, Rubén Aguirre, María Antonieta de las Nieves y Ramón Valdés. Y los únicos que tuvieron el talento suficiente, para materializar y dar vida, a las creaciones de Gómez Bolaños. Para la llegada de personajes como el Chapulín Colorado, Los Caquitos y sus desternillantes historias en el hotel de don Cecilio, Gómez Bolaños se había ganado un importante lugar dentro de la televisión Mexicana que lo reconocía con respeto y una inminente internacionalización, que puede parecer ilógica, si se tiene en cuenta que esas obras eran muy mexicanas, creadas con el lenguaje y llevadas a vida, en una cultura muy local, que corría el peligro de no ser precisamente universal. Pero por sobre todas las cosas, el humor de Gómez Bolaños fue siempre universal, por una razón: El hábil manejo del absurdo. La burla constante de nosotros mismos. Y es que no pudo lograrlo de otra manera. El Chapulín Colorado era un héroe atípico, cobarde, nervioso y torpe, que no representaba ninguna salvación para los desprotegidos que lo llamaban, pero que gozaba de la confianza del pueblo por ser mexicano, porque en medio de esas ridículas situaciones de peligro, ni Batman, ni Superman hubiesen podido actuar. Otro es el caso de personajes como los Caquitos, La Chimoltrufia y el Chavo, que, además de tener en común la tan importante letra CH, son una constante burla de la sociedad, a través de sus personajes más emblemáticos, los pobres y los niños. Los Caquitos, ladrones e ignorantes y la Chimoltrufia inocentona y deslenguada, dejaron la vida de delitos, en el minuto en que consiguieron un empleo en el Hotel de don Cecilio. Pero ninguna de estas cosas puede siquiera sugerírsenos al momento de ver los distintos programas, porque la misión que llevan implícita en sus guiones e historias, es simplemente hacernos reír de los absurdos, de las estupideces y defectos de seres, que no son otra cosa que el reflejo de nosotros mismos y de nuestra sociedad. Es decir, reírnos de nosotros mismos.

Con el Chavo del Ocho, Gómez Bolaños generó muchas polémicas y aversiones en contra suya en México, ante la considerada “bestialidad”, de ese niño ignorante, que hablaba tan mal y que seguramente no sería un ejemplo para los demás niños mexicanos, acostumbrados a personajes más clichés como los de la “Carabina de Ambrosio”. El Chavo era la suma máxima de las ironías, en una vecindad donde se juntaban personajes que caricaturizaban la pereza, la envidia, el arribismo, la pobreza y la dulzura, con la presencia, más clara que en otros programas, de crítica social, vista con el lente del humor y sin duda también la burla de algunos típicos mexicanos. Estas deben ser razones suficientes para homenajear el inmenso talento de Roberto Gómez Bolaños, que logró sacar risas a más de una generación, por más de treinta años. Mi primer y más grande recuerdo televisivo, se lo debo a sus programas. En especial cuando durante tres años, el canal peruano América Televisión, que veíamos a través del cable, transmitía diariamente en su franja infantil de las 17:00 horas, una hora del Chavo del Ocho, imperdible en mi casa y los fines de semana, después de las 13:00 horas y hasta las 18:00 horas, inclusive, capítulos memorables, brevemente interrumpidos, del Chapulín, Vicente Chambón, Los super genios de la mesa cuadrada, Los Caquitos, Los Chiflados y las talentosas parodias del Gordo y el Flaco y Charles Chaplin, que nos unieron frente a la televisión, en horas de risas hasta las lágrimas a mi abuelo y a mí. Lo cual fue, en mi caso personal, uno de los mayores sucesos de Gómez Bolaños, y el único que ha conseguido hacer que mi abuelo viera la televisión, sin dormirse, por más de una hora. El mismo Cantinflas quiso hacer uso de los guiones de Roberto Gómez Bolaños en alguna película, que nunca llegó a rodarse. Son inolvidables las particularidades del Chavo, las rabietas de la Chilindrina, el amor de doña Florinda y el Profesor Jirafales, las tonterías de Kiko, y los amores de doña Cleotilde para don Ramón. Pero también como son memorables sus escenas, llevadas a término hacia 1984, son también lamentables las discusiones públicas que se han generado entre Gómez Bolaños, y los actores que dieron vida a sus personajes, que hoy todavía son un pleito legal, como el llevado a cabo con Carlos Villagrán, Kiko, y María Antonieta de las Nieves, la Chilindrina, por el uso y usufructo de estos personajes.  Pero nada ha logrado empañar, ni opacar, la fuerza mediática de todos los programas, que son diariamente transmitidos, en uno o más canales de las televisiones desde México hasta Chile y Argentina, que se mantienen vigentes comercialmente (Una estadística reveló hace años, que el Chapulín era el personaje infantil más popular después de Mickey Mouse, entre los niños latinoamericanos) y que trascendieron las barreras, que mencioné en un principio, de la lengua y la cultura, siendo programas vistos en Italia, Paris y Rusia. Y que aún hoy, cuando ya no está mi abuelo para acompañarme y cuando ya no soy la niña de antes, siguen causándome risa y pasando por la pantalla de mi televisión, cada vez que pueden verse. Porque hay risas que definitivamente son eternas: las que saca un buen humor.


Sobre Roberto Gómez Bolaños

Nacido el 21 de Febrero de 1929, en una familia de clase media, Roberto Gómez Bolaños fue cercano al mundo de los medios, de las artes y las letras, por su padre que era un reconocido pintor, dibujante e ilustrador de distintos diarios y revistas. El apodo de “Chespirito”, le fue puesto por Agustín Delgado, director de cine, en una ocasión en que le dijo que él era un “Shakespeare chiquito”. Con estudios en ingeniería, carrera que nunca ejerció, Roberto Gómez Bolaños se convirtió en guionista de Radio y Televisión, poniendo en la década del los sesenta dos de sus programas en los primeros lugares de sintonía en México: El Estudio de Pedro Vargas y Cómicos y Canciones. En el 66 Mario Moreno “Cantinflas”, quiso trabajar con los guiones de Gómez Bolaños, en una serie que se  llamaría eventualmente “El Estudio de Cantinflas”, pero que no contó con el apoyo del patrocinador. En el 68, llegarían programas como Los Supergenios de la mesa cuadrada y El ciudadano Gómez, primero en sintonía. En el 70, vino la consagración, cuando el canal le extendió el tiempo de transmisión de sus programas, surgiendo así con el nombre de “Chespirito”, en donde se interpretaban diferentes sketches, que a su vez empezaron a dar a luz personajes emblemáticos como “El Chapulín Colorado” y “El Chavo del Ocho”, cuyo éxito fue tal, que todos fueron tomados como series independientes en horario estelar, con los promedios más altos de sintonía, así durante 25 años ininterrumpidos y retransmisiones en toda Latinoamérica y España. En el 78, la película El Chanfle, escrita, dirigida, producida y actuada por Roberto Gómez, fue record de taquilla. En el 99, la obra 11 y 12, fue puesta en escena con una permanencia en cartelera de cuatro años, confirmando la vigencia y talento de su autor. Las giras que acercaron al público Latinoamericano con “Chespirito” y todos sus personajes y programas, fueron gigantescas, llenando por dos veces en el 77 el Estadio Nacional de Santiago, Chile y el auditorio Luna Park de Argentina, en donde tuvo que dar catorce funciones más de las programadas. En el 83, fue el turno del Madison Square Garden y de nuevo en Chile, desbordaría la Quinta Vergara en Viña del Mar, con todos sus aficionados.  Entre los personajes mas destacados que ha creado Roberto Gómez se encuentran: ‘El doctor Chapatín’ (1968-1995), ‘Chespirito’ (1968-1995), ‘Charles Chaplin’ (1970-1994), ‘El Chapulín Colorado’ (1970-1993), ‘El Chavo del Ocho’ (1971-1992), ‘El Chompiras’ (1973-1995), ‘El Gordo y el Flaco’ (1974-1993), ‘Chaparrón Bonaparte’ (1980-1995), ‘Vicente Chambón’ (1980-1984).

Comentarios
  1. miguel dice:

    quiero que me manden el guión de la obra 11 y 12 por favor, voy a hacer una presentación teatral parecida respetando los derechos
    de autor

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