Entrevista con Andrés Neuman.

30 01 2006

Laura García- Tengo la impresión de que no crees mucho en eso de “era de las comunicaciones”, que más bien piensas que lo que falta precisamente es “comunicación” o al menos lo que esa  palabra significa en esencia. ¿Es así? ¿Algo de eso querías decir en La vida en las ventanas?

Andrés Neuman. Tomado de su web www.andresneuman.com
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Andrés Neuman- No digo tanto como que los actuales medios de comunicación nos incomuniquen, pero sí que, desde luego, no garantizan que nos comuniquemos. Y que a veces vivimos en el espejismo de creer que, gracias a la existencia de tantos medios para hablarnos, hoy tenemos mucho más que decirnos que antes. Creo que los teléfonos móviles, chats, e-mails y demás innovaciones no demuestran que hoy estamos menos solos, sino que precisamente son la prueba de que seguimos sintiéndonos solos. Umberto Eco dijo: si no hay información no hay comunicación. Es cierto que no siempre tenemos qué decirnos. Y yo añadiría: si no hay emoción o inteligencia, esa información no me interesa.

LG- Eres un autor muy versátil, vas del cuento a la novela y la poesía, con destreza, abarcas mucho y aprietas más todavía, pero al leerte me parece que escribes con más placer cuentos, ¿te inclinas más por la narrativa corta? ¿Hay una preferencia del género del cuento por sobre la novela?

AN – Es difícil decir con qué disfruto más, porque es como si me preguntas qué prefiero: si los besos, los abrazos o los mordiscos. Realmente gozo con cualquier acto de escritura, y siempre siento que en él hay algo de artesanía y algo de magia, de revelación. Además, no creo demasiado en la división tajante de los géneros. La poesía ayuda a la narrativa, le da temblor, le presta el ritmo. La narrativa le arrima a la poesía todas sus historias, sus ganas de contar, la construcción de los personajes, el orden. Y el ensayo les proporciona a ambas sustancia, conceptos, problemáticas. En el fondo creo que todo escritor se comunica con todos los géneros cada vez que escribe una página. Al menos así lo percibo yo.

LG- ¿Crees que escribir y publicar cuentos, hoy día, coincide con los gustos de los lectores modernos, no existe una preferencia tanto comercial, como literaria, por la novela?

AN- La preferencia comercial, seguro. La literaria, eso habría que verlo. Quiero decir que la mayoría de índices de venta no responden a los auténticos gustos literarios de la gente, sino al éxito o fracaso de las campañas publicitarias, de determinadas políticas editoriales o de famas coyunturales. Por supuesto, también se venden buenos libros. Eso ha sucedido y sucederá siempre: García Márquez, Saramago o Vargas Llosa venden casi tanto como Isabel Allende, Paulo Coelho o quien demonios sea. Pero, básicamente, pienso que si las editoriales tuvieran la voluntad de apostar con decisión por el hermoso género del cuento, si se molestaran en crear un catálogo coherente de buenos cuentistas y les prestaran atención, obtendrían más respuesta del público de lo que muchos creen. Cheever, Borges o Carver no necesitaron escribir novelas para llegar a infinidad de lectores, ni ningún editor insensato les dijo que los publicaría más tarde, cuando le trajeran una novela.

LG- La poesía, si estás de acuerdo conmigo, es otra cosa, prácticamente nace de esa inspiración que le da por aparecer, cuando se le antoja, sin embargo, dentro de la poesía, también tiendes a lo breve, como los haikús. Dentro del mismo género, ¿también te inclinas por esa brevedad? ¿Consideras que hay una mayor dificultad a la hora de intentar esa brevedad?

AN- Sí, la poesía es otra cosa, o es “la” cosa. Aunque no creo que la brevedad sea una cuestión de dificultad sino de pulso, de ritmo interior. Preferiría no decir: “las novelas de mil páginas son más difíciles que los sonetos”. Ni tampoco: “el haiku o el microcuento son más artísticos que las novelas de Tolstói”. Eso sería una tontería. Más bien pienso que hay personas que hablan mucho y otras que hablan poco. Gente que canta bajito y otra gente que grita. Apetitos constantes y fugaces, y otros voraces y más esporádicos. Depende del temperamento de cada cual. Tal vez el talento de un escritor consista en averiguar cuál es su ritmo, su pulsión y sus proporciones, para poder encontrar un estilo. Como dijo Rubén Darío: yo persigo una forma que no encuentra mi estilo… A mí me interesa sobre todo leer a los escritores que persiguen un estilo. ¡Pero ojo! No me refiero a los que escriben siempre igual: esos, precisamente, ya han dejado de buscar.

LG- Hay un poema tuyo, que me llevó a la curiosidad de leer tus otros libros de poesía, me atrajo especialmente por su sencillez y sensualidad, se llama “Los cuerpos”, me hizo recordar que el gran Roberto Bolaño se refirió a ti como un autor “Tocado por la gracia”, palabras por cierto muy elogiosas y doblemente valorables teniendo en cuenta quien las decía, pero, para ser “Tocado por la gracia”, ¿debiera existir una inspiración, una musa, una idea… algo, cuál es ese “algo” que te mueve a los versos finales? ¿De repente alguna mujer te ha inspirado?

AN- Bueno, lo primero que tengo que decir es que Bolaño, como solía hacer con todas sus pasiones, exageró su entusiasmo al decir eso. Aunque fueron

Andrés Neuman. Tomado de su web www.andresneuman.com

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palabras que yo le agradecí de corazón, porque además las dijo antes de conocernos. O, mejor dicho, nos conocimos gracias a que un día él escribió generosamente esas líneas en un periódico. Dicho esto, creo que sería necio pensar que la escritura y sus progresos dependen de entes superiores e incontrolables, como si la paciencia, el rigor, el oficio o la experiencia no fueran por lo menos la mitad (o más) del asunto. Pero tan necio como eso sería suponer que la escritura es un mero problema de entrenamiento o insistencia. No todo el mundo que se entrena bate un récord del mundo. No todos los futbolistas juegan igual después de una semana con idénticos ejercicios. No cualquier que estudia aperturas se convierte en Kasparov. Y supongo que con las artes sucede exactamente igual. Por eso pienso que la inspiración existe, sin ninguna duda, te hablo de una inspiración terrenal, completamente humana y carnal, por supuesto. Defínela como quieras: un temblor emocional, un momento de lucidez extrema, un golpe de suerte en mitad del caos, lo que sea. Pero existe. Y, por supuesto, sólo les llegará a quienes se sienten a menudo delante de un papel en blanco. ¿Qué nos mueve justo al finalizar un poema, al rematar un cuento, qué clase de estremecimiento nos dicta una palabra antes del punto final? No tengo ni idea, la verdad, creo que sería una pregunta casi para los neurólogos. Pero estoy seguro de que es una mezcla muy sutil entre la concentración y la distracción, entre la atención máxima y una extraña dispersión. Algo tenso y relajado al mismo tiempo. Perdón por la insistencia: como hacer el amor.

LG-. Volviendo a la narrativa, me gustaría hablar de la que, en mi concepto, es tu mejor novela: Una vez Argentina, es fácil pensar que se trata de una novela con muchos elementos autobiográficos, pero yo encuentro que más bien te recorres de principio a fin a ti mismo, y en el trayecto, recorres la historia de un país y de muchos fantasmas y a pesar de que entre las líneas se puede jugar con ese comodín que es la ficción, qué sensaciones te quedan como autor, cuando vez ese espejo tuyo y de los tuyos, vuelto novela? Había algún objetivo o ambición particular al construir esta novela?

AN.- Estoy de acuerdo en que el punto de partida autobiográfico era una excusa para empezar a bucear. Mi infancia es sólo una entre las muchas infancias que se cuentan en el libro, y hace de hilo conductor entre mi pequeña memoria y las memorias de decenas de personajes o ancestros que tuvieron una vida fascinante y a muchos de los cuales nunca llegué a conocer. Podría haber cambiado los apellidos, fingir que no se trataba de mi familia, pero estoy convencido de que la esencia de la narrativa no depende tanto de las fuentes de información objetivas sino de su tratamiento, del lenguaje, de las formas. Así que trabajé declarando abiertamente esas fuentes familiares, para dirigirme a otro asunto que me interesaba más: ¿qué es la ficción? Pienso yo que un simulacro de memoria. ¿Qué es un personaje? Pienso que un semejante posible, un prójimo imaginario. Y, ¿qué es una autobiografía literaria? Muchas veces es contar no tanto lo que vivimos como lo que no pudimos vivir, lo que no pudimos ver. Para eso contamos algo: para que suceda. Creo que nadie cuenta literalmente lo que sabe o lo que le ha sucedido, porque entonces no tendría sentido molestarse en hacerlo. La escritura sirve para preguntar, para aprender lo que ignorábamos. Incluso quien pretenda contar su vida acabará inventándola o confesando todo lo que no sabía.

LG.- ¿De esta obra, qué fue lo que más te costó decir en ella de ti mismo?

Andrés Neuman. Tomada de www.andresneuman.com

¡Qué pregunta más sagaz y más indiscreta! Digamos que varias cosas me dieron cierta vergüenza, pero sentía que debía contarlas porque el libro las necesitaba. Es mejor no decir cuáles, porque entonces, además de ponerme colorado, en cierta forma degradaríamos a los personajes de la novela y los convertiríamos en un simple reflejo de “realidades”  externas, como si una novela fuese un simple desahogo personal de su autor. Pero todo lo que se cuenta en el libro, incluyendo todo lo que allí digo de mi infancia, pretende tener un sentido más o menos metafórico y universal, más o menos relacionado con la historia del país y narrativamente útil para el resto del libro. Así que llegó un momento en que incluso el material inicialmente más íntimo se convirtió en  materia narrativa. Cuando corregía la novela trataba de pensar sólo en el efecto literario que produciría en un lector. En Una vez Argentina          hay mucho cierto y mucho inventado. ¿Qué más da? Las biografías verdaderas no existen: prueba a contar una misma anécdota que hayas compartido con amigos o familiares próximos, y verás como no hay dos versiones iguales. Afortunadamente.

LG.- Mencióname alguna (s) lectura (s) que ha sido fundamentales para ti, o bien un autor (es)

Mencionaré sólo algunos, podrían ser muchos más. De adolescente recuerdo que me impresionaron Poe, Cortázar, Girondo, Stendhal o Kafka. Más tarde me conmovieron César Vallejo, Rilke, Flannery O’Conor, Truman Capote, Carson McCullers, Arreola, Virgilio Piñera, los haikus de Issa Kobayashi, Tolstói, siempre Tolstói. Como verás, no he mencionado a Borges. Pero ha sido a propósito.

LG.- Y en la actualidad, ¿has descubierto algo interesante?

Desde luego. Supongo que me daría más prestigio decir que ningún autor contemporáneo me interesa y todo eso, pero no es así. Por decir algunos libros al azar, en los últimos años para mí fueron auténticos descubrimientos Niños en el tiempo de Ian McEwan, Nocturno de Chile de Roberto Bolaño, Hermana muerte de Justo Navarro, la Poesía vertical de Roberto Juarroz, una antología de Carilda Oliver que se llama El discurso de Eva, los cuentos completos de John Cheever, Muchacha punk de Fogwill, Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, ¡tantos…! O no tantos.

LG.- ¿Qué estás escribiendo ahora? ¿Me darías una pista?

Para desgracia de mis lectores, amenazo con publicar en octubre un libro de cuentos titulado Alumbramiento. Y, no satisfecho con eso, preparo poemas y he empezado a escribir una novela. Eso se llama gula.

JUEGO DE SUPUESTOS

-  Si pudieras ser un libro, serías…no, no, prefiero estar al otro lado de la ficción, del lado de la vida, y después contarlo.

- Si pudieras ser un poema, serías… alguno de César Vallejo, y así viviría permanentemente emocionado.

- Si pudieras ser un lugar, serías… supongo que una playa serena.

- Si pudieras ser otro escritor, serías…Goethe o Shakespeare, pero no tengo demasiadas esperanzas al respecto.

- Si pudieras ser una canción, serías… cualquiera de los Beatles, yeah, yeah, yeah. O, concretando un poco: cualquier canción de los álbumes Revolver, Sargent Pepper, White Album o Abbey Road. Como decía Peter Handke: “Gracias, Dios mío, por crear a los Beatles”.

- Si pudieras ser un momento de tu vida, serías… ninguno, de verdad; detesto la nostalgia. El futuro, es decir el presente inmediato, siempre me tienta más que repetir o congelar ningún momento. Para congelar los instantes ya está la literatura, ¿no?

Y la última:

- Te gusta una mujer y un amigo en común de ambos te dice que el secreto para conquistarla es regalarle un libro, en lugar de flores, en la primera invitación a salir que le hagas. Decidido a hacerlo ¿Cuál crees que sería el libro ideal para lograr la conquista?

Tal vez los Sonetos de la dama portuguesa, de Elizabeth Barrett Browning; porque en ese precioso librito, en lugar de ser el poeta el que habla y habla mientras su amada calla, es ella la que dice los poemas de amor y su hombre la escucha.

SOBRE ANDRES NEUMAN

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es hispanoargentino. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde impartió clases de literatura hispanoamericana. Su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999), fue elegida entre las diez mejores del año por El Cultural. Su segunda novela, La vida en las ventanas (Espasa, 2002), fue Finalista del Premio Primavera. La tercera, Una vez Argentina (Anagrama, 2003), fue Finalista del Premio Herralde. Ha publicado los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000) y El último minuto (Espasa, 2001). Es autor de los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión) y La canción del antílope (Pre-Textos, 2003). Ha sido incluido en las principales antologías sobre joven poesía española. Es autor de la colección de haikus Gotas negras (Plurabelle, 2003) y ha traducido el Viaje de invierno de Wilhelm Müller (El Acantilado, 2003). Es el coordinador del proyecto Pequeñas Resistencias, una tetralogía sobre el cuento actual escrito en castellano en todo el mundo, encargándose de la edición del primer tomo: Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2002). Ha preparado también la edición de la antología de Carlos Marzal Poesía a contratiempo (Maillot Amarillo, 2002). Actualmente es columnista y guionista de tiras cómicas en el diario Ideal.

MAS SOBRE ANDRES NEUMAN EN: www.andresneuman.com





SELECCIÓN POETICA (III)

26 01 2006

PABLO ARMANDO FERNANDEZ: LA IMPOSIBILIDAD DE SER PIEDRA

Hace muchos años, cuando empecé a notar que sería escritora por siempre, me aboqué con más fuerza a la lectura, pues instintiva e inconscientemente me parecía que escribir no era lo mismo, si uno no tenía un completísimo bagaje de lecturas. Entonces comencé una  clasificación personalizada de la literatura y en ocasiones, deben reconocerlo todos los que leen indiscriminadamente, uno se forma en la mente una especie de base de datos, con información puntual de obras y autores. Y finalmente, se recuerda con mucha claridad el hecho principal de la obra, el autor y en línea directa a este, vinculamos su nacionalidad. Así, uno parece un barco sin destino, y va caminando, según la nacionalidad de los autores, por todo el mundo, hasta los lugares más insospechados. Primero, recorrí Europa y gran parte de Latinoamérica. Francia, Inglaterra, Italia, España… Argentina, Perú, alguna, la de los autores es suficiente para meterlo todo en la misma maleta. Así, si uno lee a Dumas y a Verne, está leyendo literatura francesa del siglo XIX, si uno lee a Stendal y a Joyce, está leyendo literatura inglesa del siglo XIX, si uno lee a Cortázar y a Borges, está leyendo literatura argentina de los sesenta, o el famoso BOOM. Y uno se cree que ha conquistado el mundo, que ha sobrepasado las fronteras más importantes, a través del maravilloso mundo de la palabra. Y de verdad puede ser así, pero no es del todo así. Hay lugares que llegan de  repente, insospechados, mágicos, con sorprendentes autores. Es así, como un día, en el lugar que Borges comparó con el paraíso, es decir, la Biblioteca, un autor me miró desde el lomo de su libro y no pude relacionar su nombre con ninguna nacionalidad. De donde entonces? Claro! Me estaba perdiendo de una isla, cuya literatura, aún no se había presentado ante mí y que descubrí con muchísimo agrado. El autor era nada más y nada menos que Guillermo Cabrera Infante. Quedé fascinada. Esa era literatura cubana. Me convertí entonces en una asidua de sus autores. Años después, llega un segundo Pablo después de Neruda. Me refiero a Pablo Armando Fernández, y su libro “De piedras y palabras”. Con la curiosidad del autor que es aún nuevo para el lector, la primera impresión que me suscitó este libro fue de un profundo regocijo. Cada verso, claramente, tiene el propósito de no tener propósito alguno y hacer de su lectura, un acto puro de placer. Cada poema de “De piedras y  palabras”, parece el fragmento de un mensaje que han puesto en una botella, en busca de  algún paseante de playa que lo interprete. Sin mbargo, no a cualquier costa llega una botella tal. De piedras y   palabras, ha sido construido como una suerte de bitácora o itinerario del autor y dividido en cuatro partes, de las cuales la primera, contiene una selección de poesías que hace honor a su nombre: Libro de la vida. Finalmente me gustaría destacar en De piedras y palabras, la versatilidad narrativa que va de un poema a otro, imprimiendo una pequeña historia en cada uno, que es a su vez el reflejo de una inspiración inagotable y si se llega un poco más lejos con la interpretación, se puede ser testigo del crecimiento literario de un artista, al situar cada poema, en una línea de tiempo, conforme a la fecha que cada uno tiene. Desde 1952, hasta 1994, desde Delicias, hasta Nueva York, dejando una pequeña marca de ellos. Los versos, mensajes en la botella, recorren distintos tiempos, distintos lugares geográficos, distintas emociones.  En Chile, definitivamente, aún Pablo y Gabriela, esperan el hijo extraviado Pablo Armando Fernández. Y yo también, por supuesto.

MUESTRA DE LA OBRA DE PABLO ARMANDO FERNANDEZ

TOMADO DE: De Piedras y Palabras (Ediciones Unión 1999)

EN LO SECRETO DEL TRUENO

Para Cintio Vitier

Si uno pudiera, como quien juega o sueña
las secuencias del tiempo reordenar,
y pudiera acogerse a aquellos ciclos
que sólo nos inducen a aprender,
sabiamente sabríamos eludir
las ignominias de la sin razón.
Si uno pudiera a los juegos y sueños
atribuirles todo cuanto idearan
ingratitud, torpeza y mezquindad:
cardo y ortiga, zarza de triste vida
que roce y trato tornan defensivos.
También el corazón tiene sus mañas.
Como un reclamo de atención, a veces
uno puede faltarle a quienes ama:
una palabra, un gesto, cualquier impertinencia,
casi siempre de efecto ponzoñoso.
Suele confiarse a veces en que el daño
acerque al ofendido al ofensor.
No hay bien ni mal. Eso también se espera.
Ahora creo haber aprendido a conocer
ciertas turbias razones que a veces urde el corazón.

La Habana y Santafé de Bogotá, Octubre de 1993.

PABLO ARMANDO FERNANDEZ, nació en Delicias en 1930. Su obra narrativa incluye las novelas Los niños se despiden, Premio Casa de las Américas en 1968. El vientre del pez 1989; Otro golpe de dados, 1993, y el libro de cuentos El talismán y otras evocaciones 1995. Considerado como uno de los más relevantes poetas de su generación, entre sus libros sobresalen Salterio y lamentación, 1953; Toda la poesía, 1961; El libro de los héroes, 1964; Un sitio permanente, 1969, Aprendiendo a morir, 1983; Ronda del encantamiento, 1990; San Cugat Nocturne, 1995, y Libro de la vida 1990.





SELECCIÓN POÉTICA (II)

21 01 2006

ROBERTO RUBIANO VARGAS: CUANDO LA POESÍA YA NO ES PEREGRINA

Relato del Peregrino, es la primera obra de poesía de Roberto Rubiano Vargas (Bogotá 1952), de quién solo había tenido anteriores referencias por su libro de cuentos “Gentecita del montón”. He dicho en mi anterior post, que tenía abandonada de mis lecturas a la poesía, y retomarla fue  glorioso. “Relato del Peregrino”, otro acierto de Ediciones San Librario, es una suma de pequeñas delicias para los sentidos. Lo he leído en una inevitable sensación urbana, sin poder relacionarla con el ruido y el caos de la capital (y hay que tener en cuenta que Santiago no es tan caótico), pero en esta obra es admirable la facultad del poeta, verdadero poeta, para emocionar, para conmover. La poesía no ha pasado de largo. Con un lenguaje pulcrísimo, con una sencilla indagación en el amor y con la experiencia maravillosa del ser que es peregrino dentro de sí mismo y que a su vez se convierte en el arte por medio de su poesía, Roberto Rubiano logra tender el puente entre el autor y el lector, puente fuerte, indestructible y lírico. Cuando la poesía ya no es peregrina, cuando deja de vagar por ahí, por librerías, (por la maleta de quién me la hizo llegar), está destinada a quedarse por siempre, soportando incluso esta forma urbana de lectura, que personalmente me trajo nostalgias, bellos recuerdos y el comienzo de un peregrinaje propio.

MUESTRA DE LA POESÍA DE ROBERTO RUBIANO VARGAS

Extraído de Relato del Peregrino

Déjà Vu

Las calles vacías
Niebla y un bar con el neón encendido
El cielo como una nube infinita
No recordaba si el sol era redondo
O el color de las estrellas
si lo tenían
Su sueño era el eco de esas calles
Una puerta pintada de verde
Que crujía aunque no había viento

Todo era quietud
Excepto sus pasos entre la niebla
Donde flotaba una estatua de bronce
Y edificios de otra época

Era una postal en blanco y negro y verde
Un correo venido de su infancia
No tenía muchos más recuerdos
Pero quería regresar allí
Aunque tampoco sabía para qué.

SOBRE ROBERTO RUBIANO VARGAS

Roberto Rubiano Vargas (Bogotá, 1952) Narrador y fotógrafo. Ha publicado los libros de cuentos Gentecita del montón (1981. Premio Nacional de Cuento Fundación Simón y Lola Guberek-Carlos Valencia Editores). El informe de Galves (1992, Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá), Fiebre (1995) y Vamos a matar al dragoneante Peláez (1999). La novela El anarquista jubilado (2001). Las novelas para jóvenes Una aventura en el papel ( 1998 ) y En la ciudad de los monstruos perdidos (1999). La selección de textos Alquimia del escritor (1999). Los libros de y sobre fotografía: Fotografía colombiana contemporánea (1978, coautor), Crónica de la fotografía en Colombia 1841 – 1948/ (1983, coautor), Anuncios de hojalata y la biografía Robert Capa. En 2005 publica Relato del peregrino primer relato de novelas





SELECCIÓN POETICA (I)

4 01 2006

Comienzo el 2006 con poesía. Debo confesar que tenía muy abandonada la lectura de este género. Sin embargo, una maravillosa visita a Santiago de Álvaro Castillo Granada, me tendió un puente que me acercó de nuevo a la poesía.  De esa exquisita Selección Poética, Me referiré a cuatro autores, comenzando con Ramón Cote Baraibar y su libro Poemas para una fosa común.

SOBRE EDICIONES SAN LIBRARIO

Dos de los libros de poesía a los que me referiré, son ediciones realizadas por Ediciones San Librario. Y no puedo dejar de referirme a ese santo: San Librario. Originalmente, este es el nombre de la mejor Librería especializada en libros: “nuevos – viejos – raros”, como ellos se autodefinen. Uno de sus propietarios, Álvaro Castillo Granada, es miembro de honor de este Club. Lector de oficio, con carrera propia, y un librero, sin dudas, de corazón y sangre, que mantiene en este Templo de los Libros, una pasión viva, que es contagiosa. Después de varios años, erigida con prestigio, San Librario se ha aventurado a una prudente, pero exquisita serie de ediciones y reediciones, de autores, principalmente colombianos, que contempla dos tipos: Serie Sin Carátula y Serie Sin Ausencia. Sin duda, a corto plazo, Ediciones San Librario tendrá mayores demandas y ampliará su prestigio. Por el momento, su selección de obras, principalmente en los géneros de poesía y narrativa  corta, ha sido muy atinada. Quiero a través de este blog, felicitar a Álvaro y a Ediciones San Librario, por hacer este esfuerzo que yo interpreto como una extensión de la librería y, tan importante como ello, un homenaje para los autores y obras selectas que han publicado y que espero sigan publicando por muchos años más.

RAMON COTE BARAIBAR: DE RECUERDOS Y DE OLVIDOS

Ramón Cote Baraibar

Ramón Cote Baraibar

Sin imaginarlo, cuando Álvaro trajo a mí Poemas para una fosa común, del maravilloso poeta Ramón Cote Baraibar (Cúcuta, 1963), se encargó de hacerme un regalo por mi cumpleaños número 20. Resulta que hay un juego temporal que me tocó, coincidencialmente (o mágicamente), con esta obra. A los veinte años, Ramón Cote ya la había escrito y fue publicada originalmente en 1985, y veinte años después, Ediciones San Librario la  reedita por tercera vez, como apareció originalmente en 1985. Y los veinte de Ramón, hace veinte años, son ahora mis veinte. Y qué se supone que tiene que ver esto? La prueba de que ciertas obras pueden tansgredir los pasos del tiempo – e incluso muchos kilómetros de cordillera -. Definir Poemas para una fosa común no es sencillo. Y es que, más que poemas, lo que hay en este libro son pequeñ las narraciones líricas,  pequeñas cotidianidades y sentimientos, expresados desde una profunda introspección del autor, que al convertirlos en palabras, en líneas, en versos, hacen un cúmulo de nostalgias que, como su título lo indica, van a parar a una fosa común, esa conocemos como la memoria. En los primeros años de publicación y como el mismo Cote Baraibar lo indica, se pensó que con ese título, él quería dar a entender alguna idea política específica. Hoy, puede pensarse en un tema muy recurrente como la muerte. La verdad, es que Poemas para una fosa común, se constituye en un compendio de recuerdos y detalles humanos que no pueden dejarse por ahí desperdigados, que deben repasarse y masticarse de vez en cuando. Construida, seguramente, bajo la tácita influencia de Borges y tan libre como el estilo de sus versos, esta obra mantendrá los ecos de la memoria, de la soledad, del olvido, del amor, la vida y la muerte, muy seguramente, por otros veinte años más.

MUESTRA DE POEMAS PARA UNA FOSA COMUN

Blake, con bicicletas

Para observar la muerte así,
de ese modo, hace falta haber adquirido
previamente una absoluta irreverencia
o tener muy presente en la memoria
cierta temprana travesía,
para convencernos con resignación
de que las decisiones más importantes
nunca las tomamos nosotros.
Una lápida siempre se debate
entre la súplica y la réplica.
sobre la tuya
el amor te ha ido tiñendo
de un ámbar derretido, prófugo difícil.
No nos perteneces, aunque una piedra
se empeñe en representarte entre los hombres,
ni a los muertos, que sometías
con pájaros y cadenas cuando llegamos.
En esa línea donde todo desaparece

te sitúas para seguir permaneciendo.


Ramón Cote Baraibar nació en Cúcuta, Colombia, en 1963. Hijo del gran poeta colombiano Eduardo Cote Lamus, ha dado a conocer los poemarios Poemas para una fosa común (1984) y Poesía (1992), que lo revelan como un poeta de sorprendente madurez y de elevado tono. Informe sobre el estado de los trenes en la antigua estación de Delicias fue editado en Venezuela en la colección Pequeña Venecia, en un volumen que recoge buena parte de su trabajo. Ramón Cote ha estado desde muy joven vinculado al mundo cultural y diplomático. Es autor de una importante antología de joven poesía latinoamericana, Diez de ultramar, publicada por la Colección Visor en Madrid en 1992.