Por Laura García

Alberto Salcedo Ramos
Existe un tipo de crónica, una que es abierta, que no pretende modificar el qué, sino el cómo. Una que no hace camino paralelo con la literatura, sino que se encuentra con ella, se complementan. El hecho está ahí, el periodista no puede distorsionarlo, ni cambiarlo, pero sí puede contarlo de otra forma. Y es ahí, en la forma, en donde radica la gracia de ese genero llamado periodismo literario, que surgió hace más de treinta años ya, pero que ha permanecido de cierta manera en un oscuro cuarto, iluminado repentinamente por algunos brillantes periodistas que ejercieron y ejercen su oficio con pasión, que supieron encontrar en la literatura los recursos necesarios para contar la realidad de una forma diferente, en la que el lector sí es importante, en la que el lector se hace partícipe, y vive, como si estuviera leyendo la mejor de las invenciones, una realidad inmediata, que se acerca, lo toca y lo sacude también.
En el periodismo literario, una historia parte con la más rigurosa investigación periodística, metódica, la reunión de los testimonios, los documentos, esa férrea extracción de todo material que refleje, compruebe y dibuje la realidad específica que se está investigando y termina con la manipulación de ese material. El periodista puede dejarlo así y contarlo todo tal cual, o puede transformarlo en sus manos y narrar esa realidad. Narrarla como una ficción, pero que es muy real.
Esta es una entrevista con el mejor cronista colombiano de la actualidad y – discúlpenme si me salto las reglas de la imparcialidad con un entrevistado – un ser humano maravilloso que solo despliega simpatía y sencillez.
Bienvenido, ALBERTO SALCEDO RAMOS.
PERIODISMO & LITERATURA
L.G: Al leer lo que has escrito, tus crónicas, me da la impresión de que eres un híbrido extraño, a veces parece que eres escritor que trabaja de periodista o un periodista que trabaja como escritor. Algo muy similar a lo que plantea Daniel Samper Ospina en el prólogo de tu libro El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé. A tu parecer ¿qué le aporta la literatura al periodismo y qué el periodismo a la literatura?
A.S.R: Casi siempre se habla de los aportes de la literatura al periodismo, y entonces se mencionan las técnicas narrativas, el empleo del punto de vista, la construcción de imágenes, el uso certero de las escenas y la creación de las atmósferas. Todos esos recursos, ciertamente, proceden de la literatura y contribuyen a embellecer el periodismo en lo formal y a dotarlo de un poder mayor de penetración. Pero veo que se habla muchísimo menos de los aportes del periodismo a la literatura, lo cual se me antoja injusto. Muchos grandes escritores se han referido a su deuda con el periodismo. Pienso, por ejemplo, en Gabriel García Márquez, en Albert Camus, en Truman Capote y, por supuesto, en Ernest Hemingway, aunque este último dijo una vez que el periodismo es bueno para un escritor siempre y cuando lo abandone a tiempo. Yo creo que el periodismo adiestra al escritor en el descubrimiento de los temas esenciales para el hombre. Me parece que en esta profesión uno tiene acceso a un laboratorio excepcional en el que siempre se está en contacto con lo más revelador de la condición humana. Uno aquí ve desde reyes hasta mendigos, truhanes, bárbaros, seres maravillosos, de todo, y eso es útil para construir universos literarios creíbles y ambiciosos. Fíjate que en los últimos años se han incrementado las novelas basadas en hechos y personajes de la realidad. Por último, me atrevería a decir que el periodismo le sirve al escritor para humanizar su escritura y bajarse de la torre en la que a veces se encuentra instalado.
L.G: Tu trabajo en general remite de inmediato a ciertos nombres de autores como, Truman Capote, Gay Talese, Norman Mailer, es decir, los famosos periodistas literarios. ¿Cuáles son tus autores fundamentales y qué has aprendido o aprovechado de ellos?
A.S.R: Bueno, esos tres que citaste han enriquecido mi maleta de viaje, sin duda. Gay Talese me enseñó que lo más revelador de un personaje no es tanto lo que dice sino lo que tiene por dentro. Su manera de explorar la psiquis es quizá el más alto milagro del periodismo de autor. De Capote admiro su audacia en el enfoque, su sabiduría para descubrir siempre la estructura que le conviene al relato. También él era un maestro a la hora de mirar hacia dentro de los personajes. En “A sangre fría”, por ejemplo, lo que nos deslumbra no es la reconstrucción minuciosa del crimen múltiple, sino el perfil sicológico de los asesinos. Mailer me gusta menos, pero su libro “La canción del verdugo” es un relato impecable, con una tensión dramática increíble. Esto de hacer listas me pone los nervios de punta, porque inevitablemente uno omite nombres importantes. En todo caso, yo no dejaría por fuera a periodistas narrativos como John Hersey y Joseph Mitchell, ni a escritores que amo, como Dostoievsky, Camus, García Márquez, Rulfo, Flaubert y Hemingway.
L.G: ¿Sobre qué tema o personaje te gustaría hacer tu próximo trabajo?
A.S.R: Me encantaría escribir algo de largo aliento sobre viejas figuras de la música popular en América Latina. Es un sueño que espero cumplir algún día.
L.G: También eres profesor de la Facultad de Comunicación Social de una importante Universidad. ¿Qué conocimiento o experiencia consideras que es más importante transmitirles a los jóvenes estudiantes de periodismo en el contexto actual?
A.S.R: La pasión. Me parece que sin fuego en las venas, no se puede aspirar a ser un buen periodista.
L.G: De las crónicas que has escrito ¿cuál ha sido la más complicada, la más difícil de enfrentar y por qué?
A.S.R: Yo narré la historia de un secuestro express del cual fui víctima. Esa crónica, literalmente, me costó sudor y lágrimas. Fue una experiencia horrible que aún hoy, siete años después, me sigue doliendo.
L.G: ¿Cómo sabes que una historia o una persona determinada pueden transformarse en una crónica? ¿Apelas a la intuición o eres más riguroso?
A.S.R: La verdad es que en ese terreno me muevo mucho por la intuición. Mi punto de partida es sencillo: si esta historia me conmueve a mí, posiblemente también conmoverá a quienes la lean ahora que yo la cuente. Me dejo guiar por el instinto. Me gustan las historias que, para mal o para bien, afectan a mucha gente, las historias que plantean situaciones universales.
L.G: Tu ganaste el Premio Rey de España gracias a un documental televisivo, llamado «Vida de barrio», en el cual recorres caminando la calle del cartucho, un barrio marginal de Bogotá, tristemente famoso porque en él sólo habitan indigentes, drogadictos, alcohólicos y en donde todo está rodeado de miserias, hambre y muerte. ¿Cómo se enfrenta un periodista a esa realidad y la ajusta de manera que no caiga en el sensacionalismo y la porno-miseria, pero a su vez pueda transmitir lo que pretende? ¿Cómo fue ese tiempo en que estuviste realizando el documental? ¿qué experiencias viviste? ¿Qué personajes entrañables conociste?
A.S.R: Mark Krammer aconseja que el periodista procure convertirse en parte del paisaje. Esto se logra estando en el lugar de trabajo tanto tiempo como sea posible. Antes de grabar, fuimos todos los días a El Cartucho, durante dos meses. Sin cámaras, sólo por ver a la gente, conversar con ella, darnos a conocer. Cuando finalmente llevamos las cámaras, ya los personajes estaban tranquilos porque nosotros habíamos generado confianza. Yo detesto la porno-miseria, la explotación descarada de lo cursi, de lo sentimentaloide, de lo sórdido. El programa que hicimos en El Cartucho es inevitablemente duro. Te garantizo que si abordas una realidad como esa, no hay manera de ocultar lo dramático. Sin embargo, creo que respetamos la dignidad de los personajes. Casi todos los personajes eran entrañables y eso fue quizá lo que más me sorprendió.
EL ORO Y LA OSCURIDAD…
L.G: ¿Cómo fueron esos dos años de investigación previa a la redacción de la crónica sobre Pambelé? ¿Recuerdas alguna anécdota que te haya sucedido durante ese tiempo y que no hayas podido contar en el libro?
A.S.R.: Fue un periodo muy especial, porque Pambelé ha estado ligado a mí desde la infancia. Entonces, el devolverme en el tiempo para reconstruir sus pasos me llevó en varios momentos a verme a mí mismo en el pasado, con pantalones cortos, en ese pueblo polvoriento y querido en el cual me criaron mis abuelos. Como Pambelé ha sido un personaje tan andariego, todo el mundo en Colombia lo ha visto en algún momento de su vida. Podrás imaginarte la cantidad de historias que la gente me iba contando cuando sabía que yo andaba en el proyecto de narrar su vida. Pero ahora, francamente, no recuerdo ninguna de valor que haya dejado por fuera del libro.
L.G: ¿Cómo es la relación actualmente con Pambelé, te has visto nuevamente con él?
A.S.R: Hace rato no lo veo. Yo fui a visitarlo en Cartagena, la última vez que estuvo hospitalizado. Como él estaba sedado, preferí no entrar en la habitación y me reuní en una cafetería cercana con su hermana Julia Cervantes. Ojalá logre superar sus problemas y disfrutar de su familia, que es muy bella.
«Me niego a aceptar la violencia como tema único»
L.G.: Cada país vive su realidad y por lo tanto los periodistas, quienes precisamente tienen como oficio alumbrar esa realidad sin filtros ni distorsiones, van trabajando conforme a ella y, por decirlo de alguna forma, como que se van amoldando al diario acontecer. Es entonces cuando surge una figura de la que tú eres un ejemplo, del periodista, en este caso del cronista, que más allá de ir al compás de toda la caravana, propone una forma diferente de “alumbrar”esa realidad. Y también propone “otras” realidades que alumbrar, que están ahí pero nadie ve en ellas una noticia qué contar. Si por alguna razón y a pesar de haber estudiado en Colombia, hubieses desarrollado casi toda tu carrera en cualquier otro lugar del mundo, ¿qué crees que le haría falta o qué le sobraría a tu trabajo? De poder escoger otros hechos sobre qué investigar y contar a tus lectores, en otro lugar del mundo que no sea Colombia ¿qué lugar y cuáles de esos hechos escogerías?
A.S.R: Nunca me he puesto en la tarea de suponer lo que habría sido mi vida si hubiera nacido y me hubiera criado en un país distinto, con una cultura diferente a la mía. Viendo ciertos sucesos históricos, hay muchas cosas que me hubieran gustado. Por ejemplo, contar lo que ocurrió en Dallas el día que mataron a Kennedy; estar con el fotógrafo Robert Capa en esa guerra en la que perdió la vida; ser uno de los sobrevivientes del Titanic; hablar con Truman Capote durante la semana en que apareció “A sangre fría”, estar en ring side la noche en que Muhammad Alí destronó a George Foreman. Pero estos son puros divertimentos inoficiosos. La única realidad es que pertenezco orgullosamente a un país que, para mal y para bien, produce historias que representan un reto tremendo para cualquier narrador. Mi desafío como cronista es ir más allá de la agenda inmediatista que manejan los medios informativos: es buscar, además de lo urgente, lo importante, lo que nos revela como país. Me niego a aceptar la violencia como tema único. Sé que la violencia existe, pero me parece miserable que por estar contando cómo nos morimos, se nos olvide cómo vivimos. Por eso me interesan tanto las expresiones de la cultura popular, que nos ayudan a construir la memoria de otra manera.
JUEGO DE SUPUESTOS
Si pudieras ser un periodista que admiras, serías…
A.S.R: Gay Talese.
Si pudieras ser un libro, serías…
A.S.R: Hiroshima, de John Hersey.
Si pudieras ser una de tus crónicas, serías…
A.S.R: El testamento del viejo Mile.
Si pudieras ser un lugar de Colombia, serías…
A.S.R: Arenal, el pueblo donde me criaron mis abuelos
Si pudieras cambiar algo en los medios de comunicación en Colombia, cambiarías…
A.S.R: La falta de seguimiento de ciertas noticias, que generan escándalo pero después se diluyen en el olvido.
L.G: Te gusta una mujer y un amigo en común de ambos te dice que el secreto para conquistarla es regalarle un libro, en lugar de flores, en la primera invitación a salir que le hagas. Decidido a hacerlo ¿Cuál crees que sería el libro ideal para lograr la conquista?
A.S.R: Nunca he regalado libros como parte de una estrategia de conquista. Cuando los regalo, lo hago pensando en que la persona se merezca ese libro y el libro se merezca a esa persona como lectora. Ahora, si me presionas, elegiría, tal vez, “La farmacia del ángel”, el libro de poemas de Juan Manuel Roca.