Sobre la liberación de Ingrid Betancourt

5 07 2008

Por favor no me cruficiquen por decir esto, pero hay que decirlo: el cubrimiento de la liberación de Ingrid Betancourt, ha sido exagerado y casi escandaloso. Voy más allá, creo que todo su secuestro tuvo un cubrimento vergonzosamente exclusivista. Ella no es ni la única, ni la más importante de los secuestrados por las FARC, pero se le dio prácticamente ese estatus. Se conviritó en un ícono gracias al poderoso efecto mediático, porque los medios son así, especialistas en encumbrar. Me alegro profundamente de que una mujer secuestrada durante seis años se haya reencontrado con su madre y sus hijos. Pero me alegro de la misma manera que me he alegrado cuando otros secuestrados han regresado a sus casas. El secuestro es un crimen horroroso y no tiene tratamiento exclusivo para unos y para otros. Yo me pregunto por qué, entonces, para ella se ha acaparado el concepto de secuestro y se le ha dado el porte de símbolo de este. Se puede tener la sensibilidada para tratar, intentar por lo menos, imaginar lo que ella sufrió durante seis años de cautiverio, pero también se puede ser un poco crítico e ir más allá de la noticia fulgurante. Parece que la amnesia los afecta a todos, que nadie recuerda que la Señora Betancourt se fue a meter a la boca del lobo, ella solita y con absoluto conocimiento de las consecuencias que podía tener lo que ella hacía. ¿Algún deseo oculto de ser heroína? Bueno, es una pregunta que me asalta y que no puedo responder. Sí puedo decir que no le creí en su momento, ni un ápice, a su actitud patriotera de inmolación en aras de… de… de… ¿Secuestrada y encadenada pudo servir de algo a su país? No. Es un engaño creer que, gracias a que ella fue denominada por no-se-sabe-quién símbolo del secuestro para el mundo entero, este crímen tenga un tratamiento verdaderamente como tal. ¿Dónde están los cientos de secuestrados más en poder no solo de las FARC, sino de los paramilitares? ¿Acaso ellos no existen? Lo digo con conocimiento de causa: casos muy cercanos y no tan cercanos de personas que han sido verdaderamente arrancadas de su hogar, de su lugar de trabajo, del metro cuadrado que por democracia les pertenece en Colombia, que han sido privados de la libertad porque pertenecían a un Ejército, luchaban por la patria verdaderamente: ellos no tienen ni la bulla ni el apoyo de Ingrid, algunos con más de seis años en cautiverio. ¿Para ellos no hay la opción de idear sesudas operaciones de inteligencia por parte del ejército?

Auschwitz es el nombre del Holocausto. Y los judíos inmolados en sus fronteras son, en conjunto, el símbolo de una de las más grandes atrocidades cometidas en siglo XX. El secuestro, al igual que Auschwitz (guardando las debidas proporciones) es también el nombre de uno de los crímenes más atroces que se cometieron desde finales del siglo XX y que prosiguen todavía hoy, y todas sus víctimas, en conjunto, son el símbolo de esta situación. Sin excepciones. Sin nombres propios que personifiquen el dolor y la barbaridad, porque dolor y barbaridad no fueron exclusivos de Ingrid Betancourt.

Hay que darle un par de vueltas más a la noticia. Para Jean François Fogel, el cubrimiento de la noticia el Francia es una visión incorrecta del asunto, yo agrego que no solamente en Francia, en Colombia también hay una visión incorrecta de este secuestro, una especie de gusto por popularizar sus detalles, su paso a paso y por otorgarle exclusividad, porque así suena más, porque la bulla es la bulla y la bomba es la bomba. Injusto, por decir lo menos. Y terrorífico, si se piensa que detrás de la liberación de un equivocado ícono del secuestro se juegan puyas y rencinllas de poder como las que se dan entre Chávez y Uribe. ¿Se necesita de que los demás secuestrados también signifiquen puntos de poder a favor en la ambición política de los gobernantes, para que se dignen a mirar hacia ellos? Negociación, estrategias archi inteligentes del ejército, marchas por la libertad, lo que sea, no importa el nombre de la solución, pero lo mínimo que merecen quienes son víctimas del secuestro, es que se les entregue atención e importancia, que sus casos sean el verdadero foco de atención, que, si es necesario, sus nombres y situaciones se repitan hasta el cansancio como el de Ingrid Betancourt. Si la fórmula de mediatizar una barbaridad hasta más no poder sirve para algo, sería justo que se trate como a un colectivo a quienes sufren tan terrible circunstancia.Por favor no me cruficiquen por decir esto, pero hay que decirlo: el cubrimiento de la liberación de Ingrid Betancourt, ha sido exagerado y casi escandaloso. Voy más allá, creo que todo su secuestro tuvo un cubrimento vergonzosamente exclusivista. Ella no es ni la única, ni la más importante de los secuestrados por las FARC, pero se le dio prácticamente ese estatus. Se conviritó en un ícono gracias al poderoso efecto mediático, porque los medios son así, especialistas en encumbrar. Me alegro profundamente de que una mujer secuestrada durante seis años se haya reencontrado con su madre y sus hijos. Pero me alegro de la misma manera que me he alegrado cuando otros secuestrados han regresado a sus casas. El secuestro es un crimen horroroso y no tiene tratamiento exclusivo para unos y para otros. Yo me pregunto por qué, entonces, para ella se ha acaparado el concepto de secuestro y se le ha dado el porte de símbolo de este. Se puede tener la sensibilidada para tratar, intentar por lo menos, imaginar lo que ella sufrió durante seis años de cautiverio, pero también se puede ser un poco crítico e ir más allá de la noticia fulgurante. Parece que la amnesia los afecta a todos, que nadie recuerda que la Señora Betancourt se fue a meter a la boca del lobo, ella solita y con absoluto conocimiento de las consecuencias que podía tener lo que ella hacía. ¿Algún deseo oculto de ser heroína? Bueno, es una pregunta que me asalta y que no puedo responder. Sí puedo decir que no le creí en su momento, ni un ápice, a su actitud patriotera de inmolación en aras de… de… de… ¿Secuestrada y encadenada pudo servir de algo a su país? No. Es un engaño creer que, gracias a que ella fue denominada por no-se-sabe-quién símbolo del secuestro para el mundo entero, este crímen tenga un tratamiento verdaderamente como tal. ¿Dónde están los cientos de secuestrados más en poder no solo de las FARC, sino de los paramilitares? ¿Acaso ellos no existen? Lo digo con conocimiento de causa: casos muy cercanos y no tan cercanos de personas que han sido verdaderamente arrancadas de su hogar, de su lugar de trabajo, del metro cuadrado que por democracia les pertenece en Colombia, que han sido privados de la libertad porque pertenecían a un Ejército, luchaban por la patria verdaderamente: ellos no tienen ni la bulla ni el apoyo de Ingrid, algunos con más de seis años en cautiverio. ¿Para ellos no hay la opción de idear sesudas operaciones de inteligencia por parte del ejército?

Auschwitz es el nombre del Holocausto. Y los judíos inmolados en sus fronteras son, en conjunto, el símbolo de una de las más grandes atrocidades cometidas en siglo XX. El secuestro, al igual que Auschwitz (guardando las debidas proporciones) es también el nombre de uno de los crímenes más atroces que se cometieron desde finales del siglo XX y que prosiguen todavía hoy, y todas sus víctimas, en conjunto, son el símbolo de esta situación. Sin excepciones. Sin nombres propios que personifiquen el dolor y la barbaridad, porque dolor y barbaridad no fueron exclusivos de Ingrid Betancourt.

Hay que darle un par de vueltas más a la noticia. Para Jean François Fogel, el cubrimiento de la noticia el Francia es una visión incorrecta del asunto, yo agrego que no solamente en Francia, en Colombia también hay una visión incorrecta de este secuestro, una especie de gusto por popularizar sus detalles, su paso a paso y por otorgarle exclusividad, porque así suena más, porque la bulla es la bulla y la bomba es la bomba. Injusto, por decir lo menos. Y terrorífico, si se piensa que detrás de la liberación de un equivocado ícono del secuestro se juegan puyas y rencinllas de poder como las que se dan entre Chávez y Uribe. ¿Se necesita de que los demás secuestrados también signifiquen puntos de poder a favor en la ambición política de los gobernantes, para que se dignen a mirar hacia ellos? Negociación, estrategias archi inteligentes del ejército, marchas por la libertad, lo que sea, no importa el nombre de la solución, pero lo mínimo que merecen quienes son víctimas del secuestro, es que se les entregue atención e importancia, que sus casos sean el verdadero foco de atención, que, si es necesario, sus nombres y situaciones se repitan hasta el cansancio como el de Ingrid Betancourt. Si la fórmula de mediatizar una barbaridad hasta más no poder sirve para algo, sería justo que se trate como a un colectivo a quienes sufren tan terrible circunstancia.