Gracias, Benedetti

18 05 2009

Muere hoy, domingo 17 de Mayo, Mario Benedetti. 88 años. Un grande.

Un poco después que los medios anunciaran oficialmente su muerte un buen amigo uruguayo y compatriota de don Mario, Jorge Majfud, me envía una bellísima nota en donde agradece al maestro y me dice «Se fue un parte del Uruguay valiente».

Creo que no voy a extrañar tanto al Benedetti poeta, pero sí mucho al Benedetti novelista. Coincidencialmente hace poco quise releer La Tregua, una obra imprescindible en la literatura lationoamericana. El diario de Martín Santomé, un hombre viudo que ya llega a los cincuenta, a punto de jubilarse y sólo aguarda por el descanso venidero, más que eso, él dice:
«Verdaderamente, ¿Preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso, sino el derecho a trabajar en aquello que quiero».

La Tregua es una novela luminosa: un hombre enfrentado a su vida con toda honestidad, permitiéndose soñar. Permitiéndose mirar al pasado y al futuro, con toda sencillez. Con el dolor que puede resultar desde la verdad. Pero, sin duda, lo que más me conmueve de esa obra hoy, es esta reflexión de Martín acerca de su esposa muerta: «Tengo una pregunta mejor: ¿qué pensaría yo si viera hoy a Isabel? La muerte es una tediosa experiencia; para los demás, sobre todo para los demás».

Entonces, por no hacerla tan tediosa: Gracias, Benedetti.





La raza y la razón

16 05 2009

En la historia del pensamiento filosófico la razón ha estado teñida de racismo. En el siglo XX, un filósofo africano, especialista en filosofía postcolonial, teoría social crítica y filosofía europea y africana, se encargó de investigar y entender el verdadero color de la razón a lo largo del tiempo y sin duda su mejor investigación fue la realizada en torno a Kant.

Empecemos por las presentaciones: el filósofo se llama Emmanuel Chukwudi Eze, nació en Agbokete, Nigeria. Sus padres eran católicos y él se educó en un colegio jesuita. Posteriormente también estudió en Nigeria, Zaire (República Democrática del Congo), Benin City y en las Universidades de Fordham y Bucknell. En el año 2000 se trasladó a Chicago y allí fue profesor asociado de la Universidad de DePaul.

Leer el resto de esta entrada »





Madeinusa: Perú y su cine

3 05 2009

Madeinusa, Claudia Llosa, Perú-España-Cuba, 2006

La película

Cuando el «tiempo santo» llega, el pueblo de Manayaycuna, ubicado en la serranía blanca peruana, hay celebración. Dios ha muerto, es verdad, y también hay tristeza por ello. Pero la tristeza religiosa no pesa sobre los pobladores tanto como la creencia de que, precisamente por estar muerto, Dios no puede ver sus pecados. En el lapso de tiempo que va desde las tres de la tarde del Viernes Santo, hasta las seis de la mañana del Domingo de Resurrección, el pueblo se sale de su rutina; el carnaval llega con todo su esplendor y con algunos toques bacanales. Todo está permitido, incluso que Cayo Machuca (Juan Ubaldo Huamán), alcalde de Mayaycuna, tenga relaciones con su hija de catorce años, Madeinusa (Magaly Solier) y que planee al año siguiente tenerlas con su otra hija, Chale (Yiliana Chong). Esta tradición es sólo un marco – mítico y anticristiano, si se quiere – que permite ir encuadrando y entendiendo la vida de la protagonista, Madeinusa, una joven indígena de 14 años, de aspecto inocente, tímido, que provoca una inmensa ternura desde el principio. Una sirena, sería la expresión más correcta para definirla: una sirena serrana. Justo para las fiestas de tiempo santo, llega en el camión de los transportes Salvador Ariende (Carlos De La Torre), un ingeniero limeño que se ve forzado a detenerse en el pueblo por un tiempo indefinido, mientras la empresa para la que trabaja puede ir a buscarlo. Su presencia no pasará desapercibida. Los pobladores son ariscos ante la presencia de forasteros y su aislamiento geográfico y cultural se condensa en la denominación que recibe el limeño, a quien todos llaman «el gringo», lo que denota que ya Lima es un lugar lejano y mal visto por ellos. Salvador Ariende, sin embargo, es un limeño despistado, un tanto ingenuo, que logra conmoverse con las muchas cosas de las que se da cuenta mientras está en el pueblo y es retenido por el alcalde durante las fiestas. La pequeña sirena serrana logra cautivarlo con su canto y su inocencia, pero termina convirtiéndose en su perdición.

Leer el resto de esta entrada »