Muere hoy, domingo 17 de Mayo, Mario Benedetti. 88 años. Un grande.
Un poco después que los medios anunciaran oficialmente su muerte un buen amigo uruguayo y compatriota de don Mario, Jorge Majfud, me envía una bellísima nota en donde agradece al maestro y me dice «Se fue un parte del Uruguay valiente».
Creo que no voy a extrañar tanto al Benedetti poeta, pero sí mucho al Benedetti novelista. Coincidencialmente hace poco quise releer La Tregua, una obra imprescindible en la literatura lationoamericana. El diario de Martín Santomé, un hombre viudo que ya llega a los cincuenta, a punto de jubilarse y sólo aguarda por el descanso venidero, más que eso, él dice:
«Verdaderamente, ¿Preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso, sino el derecho a trabajar en aquello que quiero».
La Tregua es una novela luminosa: un hombre enfrentado a su vida con toda honestidad, permitiéndose soñar. Permitiéndose mirar al pasado y al futuro, con toda sencillez. Con el dolor que puede resultar desde la verdad. Pero, sin duda, lo que más me conmueve de esa obra hoy, es esta reflexión de Martín acerca de su esposa muerta: «Tengo una pregunta mejor: ¿qué pensaría yo si viera hoy a Isabel? La muerte es una tediosa experiencia; para los demás, sobre todo para los demás».
Entonces, por no hacerla tan tediosa: Gracias, Benedetti.
racismo. En el siglo XX, un filósofo africano, especialista en filosofía postcolonial, teoría social crítica y filosofía europea y africana, se encargó de investigar y entender el verdadero color de la razón a lo largo del tiempo y sin duda su mejor investigación fue la realizada en torno a Kant.



