Madeinusa: Perú y su cine

Posted: mayo 3, 2009 in Cine, Reseñas, Textos Propios

Madeinusa, Claudia Llosa, Perú-España-Cuba, 2006

La película

Cuando el «tiempo santo» llega, el pueblo de Manayaycuna, ubicado en la serranía blanca peruana, hay celebración. Dios ha muerto, es verdad, y también hay tristeza por ello. Pero la tristeza religiosa no pesa sobre los pobladores tanto como la creencia de que, precisamente por estar muerto, Dios no puede ver sus pecados. En el lapso de tiempo que va desde las tres de la tarde del Viernes Santo, hasta las seis de la mañana del Domingo de Resurrección, el pueblo se sale de su rutina; el carnaval llega con todo su esplendor y con algunos toques bacanales. Todo está permitido, incluso que Cayo Machuca (Juan Ubaldo Huamán), alcalde de Mayaycuna, tenga relaciones con su hija de catorce años, Madeinusa (Magaly Solier) y que planee al año siguiente tenerlas con su otra hija, Chale (Yiliana Chong). Esta tradición es sólo un marco – mítico y anticristiano, si se quiere – que permite ir encuadrando y entendiendo la vida de la protagonista, Madeinusa, una joven indígena de 14 años, de aspecto inocente, tímido, que provoca una inmensa ternura desde el principio. Una sirena, sería la expresión más correcta para definirla: una sirena serrana. Justo para las fiestas de tiempo santo, llega en el camión de los transportes Salvador Ariende (Carlos De La Torre), un ingeniero limeño que se ve forzado a detenerse en el pueblo por un tiempo indefinido, mientras la empresa para la que trabaja puede ir a buscarlo. Su presencia no pasará desapercibida. Los pobladores son ariscos ante la presencia de forasteros y su aislamiento geográfico y cultural se condensa en la denominación que recibe el limeño, a quien todos llaman «el gringo», lo que denota que ya Lima es un lugar lejano y mal visto por ellos. Salvador Ariende, sin embargo, es un limeño despistado, un tanto ingenuo, que logra conmoverse con las muchas cosas de las que se da cuenta mientras está en el pueblo y es retenido por el alcalde durante las fiestas. La pequeña sirena serrana logra cautivarlo con su canto y su inocencia, pero termina convirtiéndose en su perdición.

La polémica

Cuando Madeinusa fue estrenada en 2006, la crítica en Perú se dividió entre el amor y el odio. Mientras unos la acusaban de racista y de presentar una visión deformada de la serranía peruana, sus habitantes, sus costumbres y sus ritos, otros dijeron que se trataba de una de las mejores películas peruanas de todos los tiempos, y una gratísima sorpresa al tratarse de la ópera prima de Claudia Llosa.

Por mi parte, desde hace rato que no veía una película latinoamericana tan buena y desde hace rato quería decir algo sobr ella. Debo confesar que fue un poco por la polémica desatada que me animé a ver esta película. De todas formas, la vi como – a mi juicio – se debe ver toda obra de arte, o leer toda obra literaria: sin prejuicios y con apertura de mente. Hay quienes dicen que esto es imposible. A mi no sólo me parece posible, sino honesto.

Madeinusa es una película bellísima y me permito la licencia de tomar este adjetivo tan despreciado por considerarse fatuo, porque lo es realmente en todos los sentidos. Los escenarios dispuestos según cada situación. La actuación de Magaly Solier tan natural e impactante, tan bien lograda, sobre todo teniendo en cuenta que Magaly no es actriz profesional. Esta película es bella ya desde la imaginación puesta sobre el mito del tiempo santo. Es bella porque está construida a base de momentos y de escenas memorables, cargadas de valor estético y social. Es bella porque se vale de celebraciones típicas de las poblaciones peruanas – especialmente la semana santa ayacuchana, caracterizada por la prolijidad de su celebración – que son recreadas en la película con verosimilitud y respeto por el reflejo real. Es bella porque sus personajes, naturales y sencillos, parecen arrastrar al espectador, envolverlos en un mundo aparentemente también sencillo y natural y luego de caer en esa trampa, los observamos desnudos: con sus desafíos personales, sus taras, sus ambiciones. Madeinusa quiere ir a Lima, huir como lo hiciera su madre, ser como ella y guarda, para tratar de soñarla – porque no puede recordarla – una caja de objetos sagrados que pertenecieron a ella y que ocupan un lugar imprescindible en su corazón. Un lugar por el que es desplazado su padre, su hermana, cualquier tradición. La llegada de Salvador al pueblo podría fácilmente interpretarse con el famoso cliché «choque de dos culturas», (y de hecho muchos lo hicieron así), pero aquí no hay nada de eso, es tan sólo la ambición de una chica indígena y la caída providencial de un limeño que servirá de medio para alcanzar sus propósitos. Para contar esta historia, Claudia Llosa se armó de escenas que no se pueden olvidar, mis preferidas, cuando Madeinusa le dedica algunas canciones en quechua a Salvador y aquellas que muestran la fiesta de celebración de Semana Santa.

Sin duda que hay algunas escenas cargadas de valor simbólico que seguramente fueron el detonante de la polémica, lo cierto es que no por ser esta una historia que involucra a una indígena y un capitalino, es racista. Más allá de eso, Madeinusa es una ficción muy bien contada, que, además, permite repensar las relaciones, conflictivas si se quiere, entre dos culturas, pero desde otra perspectiva.

En el próximo post, algo más sobre Madeinusa…

TRAILER DE LA PELÍCULA


ESCENA: MADEINUSA CANTA EN QUECHUA A SALVADOR

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