
Mucho se habla de Colombia en estos días a raíz de diversos temas que la han mantenido en el centro de la polémica:
1. Un video de uno de uno de los miembros del alto mando de las FARC Jorge Briceño Suárez alias “Mono Jojoy” en donde revela que el presidente del Ecuador, Raúl Correa, financió su campaña con dineros proporcionados por las FARC.
2. El establecimiento de bases militares de Estados Unidos en territorio colombiano y
3. Las asperezas que generó el establecimiento de dichas bases con el país vecino, Venezuela, y su presidente, el verborréico Hugo Chávez.
En el mundo en general y en Chile en particular, hay mucha ignorancia sobre el conflicto colombiano y cuando digo ignorancia, me refiero a todos aquellos que, rebosantes de superficialidad y faltos de rigurosidad, sueltan pequeñas perlas por ahí, como que “Mono Jojoy suena a cantante de cumbia” o que en “Colombia sólo se conoce el café más allá del Starbucks”. Parece gracioso, pero no lo es.
En 1964, hace exactamente 45 años, un grupo de campesinos pertenecientes al PCC (Partido Comunista de Colombia) se confinaron en zonas selváticas de Colombia y conformaron el brazo armado de dicho partido, al que denominaron FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA – EJERCITO DEL PUEBLO, más conocidas como FARC-EP. Después de un año estaban constituidos formalmente. Desde su primera acta revolucionaria, estos hombres se autodenominaron marxistas-leninistas y declararon que defenderían al pueblo oprimido del estado opresor. Sin embargo, tuvieron suficiente con 40 años de gobiernos enclenques que se sucedieron en el poder y les dieron el vuelo necesario, para conformar más de 72 frentes y hacer presencia en 24 de los 32 departamentos del país. Cuando llegaron los años `80 y ‘90, con insignes nombres como Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, capos de los carteles de narcotráfico y el apogeo de las drogas, los grupos guerrilleros descubrieron con el tiempo que la fina película de ideología con la que sostenían su lucha, resguardaba mejores negocios: la extorsión a través de los secuestros y los dineros del tráfico de drogas.
Cifras oficiales dicen que 31 países califican de terroristas a las FARC, pero la explicación nunca está clara: son terroristas, es verdad, pero no porque un organismo externo o un gobierno así lo diga. Lo son porque con sus actos convirtieron en víctimas a ese pueblo al que decían defender y proteger, a ese pueblo al que decían representar como ejército. En un país en donde el servicio militar es obligatorio a partir de los 18 años, y por tanto son niños en traje de grande los que van a la guerra, “soldaditos” que entrenan para ser carne de cañón, es la población civil la que sufre los estragos de los atentados, del paso como hordas de mongoles de los guerrilleros, que arrasan con familias enteras, casas, bancos, edificios, fincas, animales, reclutan niños y adhieren a sus filas a militantes del hambre que maman sin conciencia de la leche podrida del seudo “marxismo-leninismo” y juran defender lo indefendible en el absurdo de una guerra sin patas: al pueblo.
A esto hay que sumarle la aparición de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un grupo paramilitar creado en 1997 y liderado por los hermanos Carlos Castaño (fallecido en 2006 por orden de su hermano Vicente) y Fidel Castaño. Financiados por terratenientes, ganaderos, señores de hacienda y, claro, como no iban a faltar: narcotraficantes, todo esto sazonado con alguna cuota de ex miembros de las fuerzas armadas. Si analizamos sus actos vandálicos, sus secuestros, extorsiones, y daños a la sociedad, no son más que una guerrilla pero de derecha, pero igual de terroristas.
Si ustedes reflexionan un rato a partir de esta jibarización que acabo de hacer de la historia del conflicto armado colombiano, se darán cuenta de la irracionalidad en la que hemos vivido los colombianos durante años. Matándonos unos a otros, utilizando la geografía tan propicia, para escondite y la huida, soportando el flagelo del secuestro y soportando que la “mujer-insigne-de-los-secuestrados” se haya ganado la corona con todo y liberación maestra, pero que no se diga nada de las verdaderas circunstancias de su secuestro y de lo injusto que es que se la considere madre abnegada de los secuestrados, cuando no pasa de ser una oportunista más que se subió al carro de la bonanza estratégica del secuestro para ponerse perlas en el pecho, porque, sinceramente, Íngrid Betancourt no da para embajadora de nada ni de nadie, excepto de ella misma.
Dicho esto, podrían sacarse las caras de horror todos los que condenan al país y al gobierno por las bases gringas que en él se instalan. Harto hipócritas los señores “Unasur”, cuando todos sabemos que tienen mucho rabo de paja y que poquito les conviene arrimarse a la candela. Para nadie que haga el esfuercito de leer un poco más y de informarse sobre la realidad colombiana, es un secreto que nuestros gobiernos han tenido relaciones diplomáticas fuertes con Estados Unidos, persiguiendo un ambiente de total cooperación y armonía con el país del norte, independientemente de si eso es aprobado o no a la sociedad colombiana. Nuestros problemas con el narcotráfico nos convirtieron en una estrella más en la bandera del país del Tío Sam, porque este es el principal consumidor de la droga exportada, no se olviden de eso.
La política de silencio ante Latinoamérica y la “Unasur” ejercida por Uribe no sólo es sana, sino correcta: el gobierno colombiano no le debe explicaciones a nadie por nada, menos a los gobiernos de otros países tanto o más aliados a Estados Unidos que Colombia. Cada país y cada gobierno decide lo que hace en su territorio y eso esos asuntos no son de la incumbencia de ningún vecino, porque ningún vecino gritón nos va a venir a solucionar el tremendo problemita interno que nos gastamos. ¿O es que los presidentes de la tan mentada y poco funcional “Unasur” nos van a venir con el cuento de que sus países no fueron y son también estrellita más en la bandera gringa? Peor todavía, ¿nos quieren hacer comer el cuento de que con su horror público no esconden el pecadito privado de trabajar todos para el mismo Señor? Piénsenlo y me cuentan.

