La patria y la tragedia

22 09 2009

A Marco Enríquez-Ominami le pareció en 2003 que ser chileno es “una tragedia” y lo dijo a viva voz; como es obvio, ese pecadillo se lo están cobrando con intereses sus opositores de contienda electoral. Pero vamos a dejar en paz a Marco, que, a fin de cuentas, ya le han dado mucho palo.

Hablemos mejor de ese fenómeno patriota de ser “orgullosamente (ponga aquí el nombre de su país de origen)”. Ciertamente debe ser muy bonito eso del arraigo, del amor desmedido por ese terruño en el que nacimos, quererlo  y adorarlo y bendecir “el cielo que me vio nacer”. Confieso, no sin cierta vergüenza, que yo no tengo nada de eso. Y, claro, mis compatriotas me lo reprochan y me hacen ver con encono que yo soy una colombiana descafeinada.

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Sanfic 2009: Los viajes del viento

20 09 2009

Se le agradece eternamente al director colombiano Ciro Guerra su película Los viajes del viento. Haberse atrevido con temas y espacios diferentes. Haber escogido, en un país con tantos matices culturales y geográficos como es Colombia, representar el Caribe y su instrumento (adoptado, porque originalmente es europeo) más popular: el acordeón.

Se le agradece a Ciro una obra que muestra otra Colombia, “una Colombia escondida, con secretos hasta para los mismos colombianos”, como dijo él mismo,en la presentación de su película en el marco del Santiago Festival Internacional de Cine, SANFIC2009.

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El hambriento oficio de escribir

14 09 2009


Tengo un modesto blog de literatura desde hace cuatro años. Y tengo la misma modesta cantidad de años en experiencia entrevistando escritores y periodistas. Lo cierto es a raíz de eso me contactan muchos jóvenes de mi edad, menores o mayores que yo, pidiéndome alguna que otra referencia: si puedo pedirle a algún escritor que lea un texto de su autoría, si conozco editores, si puedo darles el mail de los escritores que he entrevistado.  Sin embargo, todos remontan la cuesta decepcionados. No ha faltado el que me ha pedido que lea sus textos y, aún cuando se lo advierto antes, termina negándome después su saludo y su conversación eternamente.

Hace poco, un chico que me contactó desde Perú terminó un mail suyo diciéndome: “No sé si has sentido alguna vez que la vida del escritor es muy dura ¿verdad?”. Y sí. Así es. No más dura que la del médico o del abogado o del ingenierio, pero concedamos que tiene sus gajes especiales. Miren ustedes: cuando uno dice en su casa que quiere ser escritor, lo miran con odio, tristeza o compasión. La imagen del que estudia literatura, es la de un vago bueno para nada y algunos no pueden concebir al aspirante a poeta sin marihuana y trago.  A veces hay suerte con la familia y lejos de sentir horror, sienten orgullo.

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Dos señoras en el cono sur

5 09 2009

En el Cono Sur hay dos señoras que gobiernan dos países largos y vecinos. Las dos dicen ser de izquierda pero una lo dice de boca y la otra de corazón. Una hizo carrera en el sistema ejecutivo y la otra, en el político. Una se ganó la presidencia a pulso, la otra la heredó de una sociedad conyugal. A una la mueve la mesura y a la otra el oportunismo. Una tiene aspecto de mandataria, la otra parece la dueña de un cabaret. A la hora de retirarse una saldrá rica en experiencia y la otra saldrá millonaria en euros; y para no perder la melodramática costumbre del rímel podría presentar un talk show de televisión.

Este artículo fue publicado originalmente en el Número 079 de la Revista Poder y es una gentileza de su autor, el escritor colombiano Jorge Franco.





En el nombre del padre…

3 09 2009

Yo no respeto a los sacerdotes. Tampoco respeto mucho a las religiosas. Y, honestamente, le tengo cero respeto a la religión católica. El respeto es algo que se gana y ciertamente los curas, las monjas, los santos y el vaticano no lo merecen. Tal vez mis recuerdos contribuyan a entender esto.

Hasta los 16 años fui católica. Mis abuelos lo eran. Mi mamá aún lo es. Rezaban el rosario todos los días. Se confesaban. Comulgaban. Ciertamente eran buenas personas, pero yo nunca creí que lo fueran por su piedad, sino por su personalidad y por el amor natural que sentía hacia quienes eran parte de mi familia. Sin embargo, la religión es algo que muchas veces le meten a uno en su casa, por las venas. Lo dan de mamar con la leche o simplemente a costa de reglazos. A mi nunca me gustó la misa del domingo, me fastidiaba el rosario, me cargaban las eternas horas de modorra frente a un hombre que hablaba y hablaba y hablaba sin descanso de lo intrascendente. Pero lo soportaba.

Mas uno a veces sospecha y una sospecha es como una espina que molesta, aunque no la veamos para sacarla. Durante doce años estudié en un colegio católico dirigido por unas estrictas religiosas de una congregación franciscana, que, supuestamente, practicaba las tres enseñanzas vitales de San Francisco de Asís: pobreza, obediencia y castidad. De las monjas aprendí muchas cosas: disciplina, rigor, responsabilidad, firmeza, malgenio y un odio aterrador y desmedido por las manualidades (léase costura, tejido, etc), las “labores del hogar” y la cocina. Lo gracioso es que – y de esto me di cuenta muy tarde – ellas pretendían realmente enseñarme como ser una buena señorita de casa, de esas que le planchan la camisa al marido, le cocinan y le pegan el botón de la camisa y a llevar una vida piadosa y acompasada con la pasión de Cristo.

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