Por Jorge Franco 
Antes de su concierto en La Habana, el cantante Juanes notó que el maletero era igual al taxista, igual al botones, era el mismo mesero, el mismo barman, se le pareció al maraquero de la orquesta de la piscina, al masajista que embadurnaba a Olga Tañón, al cocinero. Le parecía un gemelo de la señora que le arreglaba la cama, del hombre que le llevó el roomservice, del que manejaba el Coco Taxi, del que le ofreció jineteras en la calle y del tipo en la plaza que le picó el ojo a Bosé. Le pareció que todos eran uno solo. No lo hubiera dudado si supiera lo empobrecida que está la nómina de la inteligencia cubana.
Publicado originalmente en el Número 081 de la Revista Poder
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Agradecimientos especiales a Jorge Franco (en la foto) escritor y director de cine colombiano, quien muy gentilmente me permite reproducir estos apartados que se publican mensualmente en la Revista Poder con el sugestivo título de “Ficciones íntimas”.

Con mi compañero de batallas laborales, casi colega y buen amigo, Jaime Ceresa, estamos confundidos. Sinceramente. Respeto todos los comentarios y opiniones que me han dejado los lectores, inclusive aquellos comentarios que me ofenden gratuitamente, aunque también admito que me gustaría que se dirigieran a mi en términos más agradables, reconozco que no todo es como uno lo quiere y asumo que el precio de exhibir un artículo ante de miles de lectores que llegan a este diario es precisamente someterse a su juicio lapidario. Bastante lapidario.

