El incidente me hace recordar el chiste del gamín que, en un semáforo, se acercó súbitamente a un lujoso Mercedes-Benz y empezó a rasparlo con una moneda de cien pesos. Cuando el dueño del vehículo se bajó del carro, entre alarmado y furioso, para reclamar, el gamín le respondió:
—Ah, grandísimo hijuemíchica. ¿Acaso uno no puede hacer con su plata lo que le dé la gana o qué?
Alberto Salcedo Ramos, aquí


