Hubo un niño que siempre que prendió la televisión se encontró con una telenovela. En cualquier canal: una telenovela. A cualquier hora: una telenovela. Aprendió a sentir, a hablar, a pensar como en las telenovelas. Cuando fue adulto se encontró con el mundo real y se dio cuenta de que había gente que vivía mejor que él; gente que nunca había visto telenovelas. Se gastó el resto de su vida tratando de ser como ellos pero ya la idiotez se había apoderado de él.
Murió agobiado esperando el momento en que apareciera la palabra “fin”.
por Jorge Franco
Revista Poder
Edición final



Maravilloso texto. Gracias, Laura, por compartir este buen trabajo del Maestro.
Un abrazo.
Enrique Alegría Dulcamara.