Ayer me enojé con “T” y él se enojó conmigo y nos dejamos de escribir para siempre. La distancia, que es una constante en mi vida, se acentuó entre nosotros. Él, que está al otro lado del océano, ahora quedó a lo mejor al otro lado de la galaxia, y yo para él. Y esta mañana, cuando llegué a la oficina, tenía una bandeja de problemas esperando a que los degustara. Compruebo todos los días, con un poco de horror, que eso de “El último pasillo”, para referirme a Chile, no era sólo una broma.


