El verano es, normalmente, una época luminosa. Pero este año no lo es ni lo será. A menos que un par de cosas cambien radicalmente, pero uno no puede ser tan optimista en esta vida y pretender que un día para otro las cosas cambien así, como por arte de magia. Como dirían los españoles: “me lo tengo que currar”. Pero yo ya estoy cansada de eso. Me cansé de trabajar por todo y de no ver ningún resultado y de que más encima todos, absolutamente todos, seguramente contagiados por el mal de Coelho, crean que es por mi actitud. El verano ha llegado. Es temporada de renuncias.


