Debería escribir este post como una reseña impersonal y colocar cosas como: “El 27 de Octubre se presentó en la Cátedra Roberto Bolaño de la Universidad Diego Portales, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince con su conferencia ‘El futuro que no fue’”, y hacer como que no lo conozco y tomar esa distancia de las notas meramente informativas que anuncian quién vino, a qué vino, brevemente lo que dijo y adiós.
Lo cierto es que a Héctor lo conozco desde muy niña, tendría unos doce años cuando en mi casa circulaban sus artículos en las revistas para las que los escribía. Lo conozco desde mucho antes de que casi toda Colombia llorara al compás, en 2006, con “El olvido que seremos“, una memoria novelada (si es que podemos clasificarlo así) que ya va en la edición 15 o algo así y que lo llevó por Latinoamérica y el mundo explicando por qué sólo pudo escribirla después de veinte años del asesinato de su padre, protagonista de la obra. Puedo decir que lo conozco desde obras como “Tratado de culinaria para mujeres tristes” y en esta me quiero detener, porque además de ser otra obra de género inclasificable, mi vecina de blogs acá, doña Cecilia García-Huidobro, dijo cuando presentaba a Héctor que le causaba curiosidad leer esta obra, teniendo en cuenta que ella no es muy buena para la cocina. La verdad es que es un libro de lectura muy interesante para las que no sabemos cocinar o no lo hacemos tan bien, así que me gustaría obsequiárselo, así, de una mujer que no es buena para la cocina a otra que tampoco lo es. Y ojalá ella lea esto.


Con mi compañero de batallas laborales, casi colega y buen amigo, Jaime Ceresa, estamos confundidos. Sinceramente. Respeto todos los comentarios y opiniones que me han dejado los lectores, inclusive aquellos comentarios que me ofenden gratuitamente, aunque también admito que me gustaría que se dirigieran a mi en términos más agradables, reconozco que no todo es como uno lo quiere y asumo que el precio de exhibir un artículo ante de miles de lectores que llegan a este diario es precisamente someterse a su juicio lapidario. Bastante lapidario.


En el Cono Sur hay dos señoras que gobiernan dos países largos y vecinos. Las dos dicen ser de izquierda pero una lo dice de boca y la otra de corazón. Una hizo carrera en el sistema ejecutivo y la otra, en el político. Una se ganó la presidencia a pulso, la otra la heredó de una sociedad conyugal. A una la mueve la mesura y a la otra el oportunismo. Una tiene aspecto de mandataria, la otra parece la dueña de un cabaret. A la hora de retirarse una saldrá rica en experiencia y la otra saldrá millonaria en euros; y para no perder la melodramática costumbre del rímel podría presentar un talk show de televisión.



