Posts etiquetados ‘colombia’

«Y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro» Julio Cortázar, Rayuela. Un día de invierno, hace mucho [...]

Justo estaba escribiendo el cuarto artículo de esta serie a la que he denominado “Gajes del inmigrante”, cuando me entra un comentario de un estimado lector que se pregunta si un colombiano en Argentina o en Venezuela es un inmigrante, si no es mejor irse «a un país bueno de una vez». Y es que [...]

Me atrevo a decir que el momento más difícil del año para un colombiano inmigrante es Diciembre y la consabida navidad. La alegría, el bullicio, las natillas, buñuelos, novenas, panderetas y villancicos suelen escasear en algunas partes del mundo. Muchos se las arreglan acudiendo a la terapia de la cofradía: se juntan varios colombianos por [...]

De niña, me causaba gran consternación la canción de Nino Bravo «un beso y una flor». Su letra me conmovía profundamente, me sentía triste cuando la escuchaba, sobre todo por esa parte en que decía «me voy, pero te juro que mañana volveré»; esa frase me sonaba a promesa que nunca se cumpliría. Cuando se [...]

«Pablo Escobar aún vive». «No», le digo al hombre con quien converso, «Pablo Escobar murió en 1993». «No, no, él vive, él vive. Vive en Bariloche, se hizo pasar por muerto». «¿En serio?», le contesto desganada, «Y bueh… qué le vamos a hacer…» Sí. Es verdad, voy a conceder que Pablo Escobar vive, porque sencillamente [...]

Si mi abuelo no soportaba la sola presencia de los libros de García Márquez, a mi abuela simplemente le eran indiferentes. Y no porque lo despreciara, sino porque le parecía aburrido y sin gracia. Para ella García Márquez no era

poseedor de ese encanto y sobre todo, de ese sentimiento especial que los autores costumbristas y románticos de la literatura colombiana habían reflejado en sus obras. Mi abuela fue esa conexión con las historias de la tierra, con los autores regionales que habían tomado una instantánea, en sus cuentos y novelas, de las costumbres y la ideología de épocas remotas en el tiempo, pero no en la esencia del devenir histórico. Lo que impresionaba a mi abuela era que esos autores habían novelado la esencia del hombre, y para ella, la esencia del hombre era la suma de sus sentimientos más ocultos. Para mi abuela, el hombre demostraba sus mejores cualidades intelectuales, y su mejor capacidad de razonamiento, en la lucha oscura en pos de ambiciones sin límites y en el esfuerzo transparente por cumplir sueños más posibles en el terreno de lo ideal que de lo real. O bien tenemos la cabeza en las nubes, o bien la tenemos dentro de un hueco profundo en la tierra.

Por favor no me cruficiquen por decir esto, pero hay que decirlo: el cubrimiento de la liberación de Ingrid Betancourt, ha sido exagerado y casi escandaloso. Voy más allá, creo que todo su secuestro tuvo un cubrimento vergonzosamente exclusivista. Ella no es ni la única, ni la más importante de los secuestrados por las FARC, [...]