Organización desorganizada = OEA

5 08 2009

Por Jorge Franco Ramos

Esta organización no tiene nada de organizada. Se cumplen más las reglas en cualquier cualquier juego de niños que en esta organización desorganizada. O cada quien las interpreta de acuerdo a sus intereses. No son capaces de medir a Cuba y a Honduras con la misma vara. Casi todos los mandatarios de los países afiliados son unos patanes. Muchos de ellos son, según Chávez, cachorros del imperio y los otros, peor todavía, son cachorros del mismo Chávez. Muy pomposamente esta organización dice ser de los estados americanos pero por su sigla también podría ser la organización de los estados alterados, o atrasados, o apestados, o cualquier disparate que comience con las letras O, E, A.

Esta entrada es posible gracias a la gentileza de Jorge Franco y se publicó originalmente en el Nº 77 de la Revista Poder.

Jorge Franco es director de cine y escritor, nacido en Medellín, Colombia. Sus obras Rosario Tijeras y Paraíso Travel fueron publicadas con gran éxito. Su último libro es Melodrama, publicado en 2006.





Delito por bailar el chachachá

21 06 2009

«Señor Juez, señor juez, mi delito es por bailar el chachachá.», dice una popular canción cubana de 1956, que ahora mismo escucho en voz de la Orquesta Aragón. No todos los libros tienen su banda sonora (como suelen tenerla las películas), pero Delito por bailar el chachachá no solamente tiene esta canción como inspiración del título, sino que su técnica de escritura se nutre de ritmos como el bolero y el chachachá.

Escrito por Guillermo Cabrera Infante y publicado en 1993, Delito por bailar el chachachá consiste es un conjunto de tres cuentos, de los cuales el último se titula igual que el libro. Los tres cuentos ocurren en el mismo lugar, con los mismos personajes, y las variaciones entre uno y otro cuento son lo suficientemente sutiles como para exigir a su lector un compromiso con el libro. En compensación al esfuerzo, el lector será transportado a una Habana maravillosa, a un restaurante pintoresco, a la conversación en medio de la intensa lluvia, de una pareja de amantes que se aborrecen y se odian y se aman a la vez y a una visión dura y ácida de una época histórica particularmente especial para los cubanos: 1956.

Debo confesar que esta obra me resultó fascinante pero compleja, en parte debido a lo que el mismo Cabrera Infante explica en su prólogo cuando se refiere al minimalismo musical que inspira su técnica: «esa música repetitiva a la que da sentido  (pero no dirección) su infinita repetición que es  una fascinación». A eso apuntan estos cuentos, a la repetición, y esta a su vez consigue ser exitosa gracias precisamente a la dirección que toma el lenguaje en la pluma del autor. Sin embargo, acto seguido, Cabrera Infante explica qué relación tiene esta repetición musical, con su repetición literaria: «La literatura repetitiva trata de resolver la contradicción entre progresión y regresión al repetir la narración más de una vez» . En esta obra la narración se repite, pero la ardua tarea de resolver la contradicción de la que habla Cabrera Infante, le queda al lector. Les aseguro: ese gran reto será un de un gran placer también.

Mención aparte merecen los guiños y frases del último cuento, el único de los tres narrado en primera persona. Las disgresiones del narrador son un deleite, como es deliciosa la agilidad con la que se van intercalando dentro de su divagación. Algunas merecen ser transcritas y no sobra decir que tienen su buen tinte político: «Comunista: animal que después de leer a Marx, ataca al hombre», «Stalin debió ser también un espíritu frío antes de ser una momia helada», y esta sutileza del primer cuento: «Los protestantes son católicos con insomnio».





Premio Rómulo Gallegos: ¿Literatura y Política?

12 06 2009

Primero (aunque lejos de mi los abanderamientos nacionalistas), debo decir que me siento muy feliz con la noticia de que el escritor colombiano William Ospina ha sido el ganador del premio Rómulo Gallegos con su novela «El País de la Canela». No he leído esta novela precisamente, pero descubrí que la distribución internacional favorece a William (como no favorece a otros autores colombianos igualmente buenos) y este libro se vende en Santiago, así que no tardaré en saciar mi curiosidad.

Sin embargo, antes de publicar novelas, William Ospina,nos ofreció a sus lectores lucidísimos artículos, ensayos y bellísimos poemas que seguí con muchísimo gusto y atención. En 2005 publicó su primera novela «Ursúa», en donde narra la vida yaventuras de Pedro de Ursúa, avalado, eso sí, por una rigurosa investigación de algunos años, que se reflejó en esta novela de estilo elegante y un juego de imaginación maravilloso, para una novela de contexto y tono netamente histórico.

Otra cara de la moneda fue la polémica que se adosó a la noticia de su premio. La obra ganadora, «El País de la Canela», compitió con otras 270 novelas pero previo al fallo del jurado, dos escritores venezolanos retiraron sus obras por notar que las tendencias políticas del jurado se condecían con el gobierno del presidente Chávez y que por tanto el fallo estaría viciado políticamente. Es aquí donde entran en juego dos amigas que se rozan constantemente, y que normalmente se sacan chispas: la literatura y la política.

No es para nada sorprendente que la política coquetée con la literatura en el marco de algún premio de envergadura en un país, y, a su vez, que en la literatura se manifiesten las militancias políticas de los autores. Sucede en todo el mundo, en muchos gobiernos, en variados eventos literarios. Al respecto de dicha polémica, William Ospina dijo que cuando «hay ciertos gobernantes que son polémicos, (es que) se ponen estos énfasis en cuestiones políticas, pero yo creo que lo más importante es preguntarse por la literatura». Y yo estoy con William. Lo más importante es preguntarse por la literatura. Es muy entendible que los escritores, como intelectuales y observadores críticos de la sociedad y la historia, se involucren en tendencias políticas y esto es válido y para nada reprochable. Vargas Llosa no dejará de ser un gran escritor sólo porque manifiesta abiertamente su posición política y hasta haya militado con ella.

William Ospina se ha declarado simpatizate del Polo Democrático, un partido político de izquierda, más no por eso sus tendencias políticas lo convierten estrictamente en el candidato ideal para ganarse el premio venezolano, ni la única opción de los jurados — quienes, evidentemente, tienen manifiestas tendencias políticas de izquierda — durante la escogencia del ganador. ¿Por qué? Porque ninguna creencia política podrá ocultar a un mal escritor cuando este lo sea. Y en el caso de William, su simpatía con la izquierda no se sobrepone a su excelente calidad literaria.





CRÓNICAS VARIAS II. NADA DE SINVERGÜENZAS.

10 09 2008

Si mi abuelo no soportaba la sola presencia de los libros de García Márquez, a mi abuela simplemente le eran indiferentes. Y no porque lo despreciara, sino porque le parecía aburrido y sin gracia. Para ella García Márquez no era

poseedor de ese encanto y sobre todo, de ese sentimiento especial que los autores costumbristas y románticos de la literatura colombiana habían reflejado en sus obras. Mi abuela fue esa conexión con las historias de la tierra, con los autores regionales que habían tomado una instantánea, en sus cuentos y novelas, de las costumbres y la ideología de épocas remotas en el tiempo, pero no en la esencia del devenir histórico. Lo que impresionaba a mi abuela era que esos autores habían novelado la esencia del hombre, y para ella, la esencia del hombre era la suma de sus sentimientos más ocultos. Para mi abuela, el hombre demostraba sus mejores cualidades intelectuales, y su mejor capacidad de razonamiento, en la lucha oscura en pos de ambiciones sin límites y en el esfuerzo transparente por cumplir sueños más posibles en el terreno de lo ideal que de lo real. O bien tenemos la cabeza en las nubes, o bien la tenemos dentro de un hueco profundo en la tierra.

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CRÓNICAS VARIAS I. LITERATURA y MERCADO

21 08 2008

Literatura y mercado son palabras opuestas que se repelen inmediatamente pero que se juntan en la realidad. Es difícil el camino de la Literatura, dama honorable e impoluta, cuando se tropieza con el mercado, bandolero salvaje que la corrompe y la ultraja. Bah, dejémonos de tonterías. No es así necesariamente, lo que pasa es que todos los días parecemos acostumbrarnos menos al mundo que nos va tocando vivir. Hace 15 años, en 1993, yo tenía ocho y en mi casa estaba terminantemente prohibido leer Cien años de soledad. So pena de castigarme «feo» o, peor aún, de quitarme el resto de los libros de la biblioteca, mi abuelo José Miguel desterró el libro a lo más alto del estante que estaba empotrado en la pared de su oficina, lo que le permitía tenerlo a la vista. No le faltaban ganas de quemarlo o de hacerlo picadillo, pero no podía porque el ejemplar ni siquiera le pertenecía: la que leía a García Márquez en la casa era mi mamá, y a mi abuelo le provocaba tragarse el libro cuando lo veía, porque lo consideraba plata botada a la basura. Para su desgracia, mi mamá no tenía solamente Cien años… sino una biblioteca completa del Nobel, que incluía títulos que yo en ese entonces no entendía del todo muy bien, como De viaje por los países Socialistas…

Bien dicen que lo prohibido es lo atractivo, porque a pesar del profundo respeto que sentía por mi abuelo y de que él hizo las veces de mi padre, yo corría cada que podía a buscar el libro, a fisgonear entre sus líneas la verdadera razón por la cual él me gritaba ofuscado, desde la sala: «¡Que no agarre sumercé eso!¡Que ya le dije que eso no se lee en esta casa!» Y, efectivamente, no lo pude leer durante siete años más. Ese y todos los demás libros del mismo autor permanecieron vedados, porque a mi abuelo era mejor tenerlo feliz: si se enojaba era capaz de acabar hasta con el infierno, y las pocas veces que me sorprendió leyéndolo salía refunfuñando y vociferando por la casa que ¡por qué nadie le obedecía!, que ¡todos se habían empeñado en faltarle al respeto! Mi abuela, para evitar mi curiosidad y la furia de mi abuelo, decidió guardar la biblioteca entera de García Márquez en su armario, bajo llave.

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ArcoLibris trae…

4 04 2008

El Estupor y la Maravilla: memorias de un vigilante de museo.

Tapa de "El estupor y la maravilla" la última novela de Pablo d´Ors

Tapa de "El estupor y la maravilla", la última novela de Pablo d´Ors

Vigilamos y somos vigilados. El mundo está lleno de seres que vigilan y de seres que son vigilados y siempre hemos estado de ambos lados. Vigilamos a quienes queremos y a quienes detestamos, por lo tanto, un vigilante de museo tendrá mucho qué decirnos al respecto. El que cuenta esta historia va desde esa irreverencia que sostiene que la mayoría de los visitantes de museo van para mirarse más las uñas que a las obras, hasta la confesión de su más íntima verdad: pasó años vigilando obras de arte, y sólo le pedía a la vida, ser vigilado como se vigila al ser amado.

La última novela del escritor español, Pablo d´Ors, observa al mundo a través de los ojos de este vigilante de museo.

En exclusiva para ArcoLibris, EL PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA y una PEQUEÑA ENTREVISTA CON PABLO d ´Ors

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En la ZONA DE ENSAYO, encontrarán un artículo que se publicó hace algunos años en el diario El País, cuyo autor es mi buen amigo Carlos Seror.  ¿Qué pasa con el Español? ¿Se está quedando rezagado como lengua?

«En comparación con muchos otros países de Europa, una larga ausencia de tradición en el pensamiento científico ‑o, a un nivel más simple, en el razonamiento objetivo y riguroso‑ ha dejado entre nosotros una huella difícil de borrar en pocos años. Mucho es, sin duda, lo que se ha andado, pero en cuanto a mentalidad queda también mucho por hacer. En particular, la polémica sobre qué significa y quién sabe o no hablar correcta o incorrectamente recuerda inquietantemente la perpetua batalla metafísica sobre la interpretación “verdadera” de la Biblia por los pontífices de unos y otros bandos.»

Aquí pueden leer esta intersante polémica AMNISTIA PARA LA LENGUA ESPAÑOLA

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LECTURAS. Esta semana traigo el comentario sobre dos buenos libros que estuve leyendo. Mientras deshacía mis maletas en el que será mi nuevo departamento en la bella Buenos Aires. Bueno, el nuevo departamento quedó inmediatamente poblado por mis libros y mientras los organizo, aprovecho de leerlos ¿no?

Mis recomendados en esta ocasión serán: MUERTE A LOS LATINOS, la última obra del chileno Fernando Villegas, de quien ya comenté anteriormente otra obra y LAS FORMAS DE LA PEREZA, el curioso compilado de ensayos y notas de opinión que publica recientemente el reconocido periodista colombiano Héctor Abad Faciolince.





Entrevista a Pablo d`Ors

4 04 2008

¿Cómo enfrentas dos vocaciones que pueden ser chocantes? Digo, la religiosa, con la creativa. ¿Cómo se desarrollan y como desarrollas ambas?

Mi vocación sacerdotal

Cuando experimenté la llamada de Dios (y me estremece escribir algo así porque no quisiera tomar el nombre de

Pablo d´Ors

Pablo d´Ors

Dios en vano y porque todavía me maravilla como nada en el mundo que todo un Dios haya podido dirigirse a mí), tenía diecinueve años, era estudiante de Derecho y acababa de ver la película Gandhi, que cito porque en aquel tiempo yo tenía la pretensión de ser nada menos que como él. Fue una iluminación, un derribarme del caballo, y ello hasta el punto de que yo, que antes no había pensado nunca en ser un hombre de Iglesia, tuve a partir de ese instante la certeza íntima e irrefutable de que eso era exactamente lo que tenía que hacer. Más tarde hubo crisis, como no podía ser menos, pero nunca crisis de fe ni estrictamente vocacionales. Fueron más bien crisis de identidad y de relevancia, es decir, que versaban sobre quién era yo y cómo debía actuar. En el momento inicial, tan intenso, fue decisiva la intervención de un misionero filósofo llamado Antonio S. Orantos, en primero quien encontré a un maestro -todo un lujo- y, finalmente a un amigo. También influyó, y mucho, la lectura de El peregrino ruso, un libro de espiritualidad oriental.

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DANIEL SAMPER OSPINA: “Nuestros criterios son estéticos, no morales”

14 12 2006

Por Laura García

 

Daniel Samper Ospina. Foto tomada de www.semana.com.co

LG/ SoHo es una revista que genera mucha polémica. Y me es inevitable partir por ahí y por el escándalo que se generó recientemente en Colombia con la publicación de un texto de Fernando Vallejo, acompañado de una serie de fotografías de la modelo Alejandra Azcárate y otras personalidades, interpretando roles religiosos. La noticia  de los líos judiciales que te acarreó este artículo, trascendió en otros países, y la pude leer en diarios de Chile,  Argentina y México, y en torno a esa controversia, se suscitaron varias discusiones con respecto a la Libertad de expresión y el derecho de un medio a decir lo que se piensa y a darle la forma artística que mejor crea a los artículos y textos.

Después de este vendaval:

¿Qué conclusiones pudiste sacar?
DSO/ Que  grupos como el Opus Dei y Los legionarios de Cristo, por lo visto, son asiduos lectores de la revista SoHo y están pendientes de las fotos eróticas que publicamos; que la derecha católica colombiana es peligrosamente reaccionaria; que todavía quedan jueces honorables en Colombia que protegen la libertad de expresión de los intereses un poco fanáticos de los grupos religiosos más ortodoxos.

 

¿Quiénes consideras que son esos principales <<actores>>, que van contra la libertad de expresión y cómo actúan?
DSO/ En realidad, los verdaderos hostigadores de la libertad de expresión son todos los grupos de nuestra guerra que amenazan y matan periodistas, sobre todo en la  provincia, en los pueblos alejados, en las ciudades intermedias: la guerrilla, los paramilitares y los distintos grupos de la mafia. En otro nivel hay espasmos retardatarios como los de algunos grupos religiosos que, como en caso de SoHo, hostigaron jurídicamente a la revista. Pero vale decir que en Colombia la situación es  tan cruda que uno debe agradecer que lo traten de meter preso en lugar de que lo manden matar.

¿Cuál consideras que es la mejor forma de defender la libertad de expresión?

DSO/ Sin autocensurarse.

Si se presentara otra oportunidad para publicar un texto con imágenes, igual de polémico como lo fue el de Vallejo, ¿lo haría nuevamente, aún teniendo en cuenta que ello le puede significar otras demandas y líos de juzgado?

DSO/ Desde luego. De por sí, unos pocos meses después de esa publicación, hicimos un especial fotográfico en el que salió la famosa actriz colombiana Ana Lucía Domínguez en una pose erótica vestida de monja, porque la historia así lo requería y era una fotografía que a nuestro juicio tenía muy buen gusto.
Nuestros criterios son estéticos, no morales. No haríamos nada con el fin de ofender, pero tampoco dejaríamos de hacer algo con el fin de no herir susceptibilidades religiosas. Si un fotógrafo nos trae la versión erótica de un pesebre, y es estética, la publicamos.

 

LG/ SoHo es una revista con contenidos bastante particulares. En especial las crónicas. Casi todas o todas, están escritas en base a situaciones que van más allá de lo común, sin ir muy lejos, en la última edición de la revista, Antonio García Angel escribió una crónica sobre su propia circuncisión. De todo ese material que ha pasado por la revista, ¿cuál ha sido ese artículo o esos artículos que al llegar a tus manos, te han impactado más fuertemente?

DSO/ Vale decir que primero se nos ocurren a nosotros y después las firmas aceptan hacerlos, de modo que la sorpresa es más cuando aceptan que cuando entregan  el artículo. Pero hemos hecho cosas osadas: convencer al ex candidato presidencial Xcarlos Gaviria, quizás la persona más honorable de los intelectuales colombianos, de que se disfrazara de Papa Noel por un día en un Centro comercial; conseguir que las modelos más famosas del país ventilen sus preferencias sexuales; tener firmas tan maravillosas y explosivas como la de Fernando Vallejo; conseguir que intelectuales de nuestra lengua, que provienen de la música, como Serrat, Sabina y demás escriban en SoHo; convencer a escritores de que se vivan distintas situaciones (operaciones quirúrgicas, probar drogas, etc…)  para que cuenten en carne propia qué se siente; y demás cosas así.

 

LG/: ¿Qué es lo más complicado de ser el director de una publicación como SoHo, y cuál consideras que han sido tus mayores logros dentro de la revista hasta el momento?

DSO/ Lo más complicado: hacer que el próximo número sea mejor que el anterior, y saber que con cada uno la expectativa del lector es más grande. Y el mayor logro,  creería que conseguir que una revista para yuppies no sea solo eso sino una plataforma de periodismo literario, de periodismo novedoso que ha refrescado el panorama de las revistas en nuestra lengua y que ha conseguido un temperamento editorial en el cual la creatividad es la base de todo.

 

LG/ Por los contenidos y el formato en general de SoHo, el trabajo que se realiza en la revista corresponde a lo que se define como Periodismo Literario

DSO/ Sí. No todos los trabajos serán eo, pero sí tenemos un especial respeto por las crónicas narrativas; de ahí que grandes maestros del periodismo literario escriben con frecuencia (unos más, otros menos) en la revista: Martín Caparrós, Alberto Salcedo, Juan Villoro y muchos más.

 

LG/ De qué forma crees que se inscribe SoHo dentro del periodismo actual colombiano y también cómo actúa en el marco de la realidad nacional

DSO/ La guerra ha confinado a los periódicos colombianos a una única responsabilidad: contar cómo nos matamos. SoHo está con tando, al revés, cómo vivimos. Debajo de nuestra epilepsia sangrienta, sigue existiendo un país que vive normalmente, y SoHo cuenta cómo vive: hace crónicas en los puntos cardinales, cubre desde 14 puntos de vista lo que ocurre en una misma noche, en fin: hace lo que hace el periodismo narrativo y es narrar el país. No está atrapado en decir el cómo, cuándo, dónde, quién y por qué, en un espacio cada vez más reducido, sino que se la ha jugado por las crónicas extensas para dejar el testimonio de lo que también somos.

 

II

Visión Particular…

LG/
Hace varios años ya, leí un artículo tuyo titulado HISTORIA DE TRAVESTIS, en donde hacías una comparación bastante fuerte. En la introducción presentabas a un pariente tuyo, y en la descripción que hacías de él, se podía pensar a priori que se trataba de un transformista, pero realmente estabas describiendo a un monseñor. En ese artículo tú defiendes entre otras cosas la libertad de cualquier individuo para expresar y reconocer públicamente sus preferencias sexuales sin ser juzgado por ellas, y, además criticas duramente a la iglesia por coartar esa libertad con sus lineamientos y posiciones. Ese artículo me lleva a preguntarte:

¿Cómo definirías concretamente a la iglesia?


DSO/ Una entidad a pesar de la cual todavía existe la religión católica; una institución turbia y premoderna que se arropa en una supuesta función espiritual para conseguir poder y dinero.


LG/¿Qué tanto grado de daño crees que le ha causado, le está causando o le causará a Colombia la iglesia con sus planteamientos, si tenemos en cuenta que una gran mayoría de la población tiene una arraigada fe católica?


DSO/ Mucho daño. La iglesia, en general, ha limitado históricamente nuestras virtudes como especie: siempre va en contra de los desarrollos de la ciencia y de los progresos de la humanidad. Hay que reconocer que, con todo, ha evolucionado: antes quemaba gente; ahora la demanda.
Son asquerosamente impertinentes. Los curas, en teoría, no tienen sexo ni útero, pero no hacen más que  juzgar a los homosexuales y a  las mujeres que abortan. Condenan con gran facilidad a cualquier persona que se aparte de sus principios anticuados y peligrosos (en los cuales disfrazan de temas morales asuntos que pertenecen a la salud pública, como la persecución al condón), salvo que esa persona sea uno de ellos: ¿alguien ha visto que un arzobispo juzgue con el mismo énfasis a una adolescente que aborta que aun cura pedófilo? Al cura lo encubren; a la adolescente le quitan el alma. La iglesia es un ente encubridor, que protege a los varios violadores de niños que tiene dentro de su seno.

LG/ Y finalmente, quiero pedirte que menciones, a tu juicio, quién sería, ese o esos representantes de la iglesia (si te atreves,  con nombres y apellidos) que más  han contribuido a coartar ciertas libertades cómo las que tú defiendes en el artículo y por qué.

DSO/ Bueno, casi todos. Al revés: debería averiguarme algunos curas que no parecen de la iglesia, y que luchan por causas sociales de este país triste. De esos hay varios.
De los oscuros, de los tétricos padres de la iglesia colombiana, es difícil elegir cuál es el más anticuado y peligroso: ¿Monseñor Rubiano? ¿Monseñor López Trujillo? ¿Monseñor Beltrán? Es difícil: todos han debido nacer hace cinco siglos para gozar con las hogueras que hacían para quemar a los humanos más pensantes.


LG/
Qué crees que debe pasar con asuntos tan polémicos como el aborto, la eutanasia y la droga. Eres partidario de qué se legalicen? Tienes alguna otra posición en particular frente a éstos? Soy un a persona progresista y liberal. Estoy de acuerdo con el aborto por varias razones, entre ellas las de sanitarias; quiero que legalicen la droga, entre otras razones, para acabar las motivaciones económicas que producen esta guerra terrible del nacrotráfico; soy partidario de la eutoanasia y en general soy partidario de que cada individuo tenga la libertad de decidir que quiere hacer con su salud, con su cuerpo, con su vida sexual, con su muerte, sin que los demás se metan y siempre y cuando sus decisiones no afecten la vida pacífica de la sociedad.


III

Te gusta una mujer y un amigo en común de ambos te dice que el secreto para conquistarla es regalarle un libro, en lugar de flores, en la primera invitación a salir que le hagas. Decidido a hacerlo ¿Cuál crees que sería el libro ideal para lograr la conquista?

DSO/ Depende de la mujer, pero supongo que uno que me haya gustado mucho: podría ser una buena antología de poesía castellana.

 

 





ENTREVISTA CON RAMON COTE BARAIBAR

16 03 2006

Ramón eres el primer autor colombiano que puedo entrevistar para el CLAR-LET. Ya inscrito dentro de este club como miembro, me gustaría poder hablar con el poeta, desde la distancia, pero con la cercanía del lenguaje universal que es la literatura. Bienvenido.

Poemas para una fosa común, fue tu primer libro, y en el prólogo dices que “la fosa común” son los recuerdos. En el 83, cuando este libro fue publicado por primera vez, tú tenías solo 20 años. ¿Qué podía haber en esa “fosa común” a tan temprana edad, que dio lugar a los poemas del libro?

Pedro Cote.

Ramón Cote Baraibar. Foto: Pedro Cote.

Ese es el dilema. En el prólogo que escribí para la reedición de mi primer libro comenté que habría sido una falacia llamarlo Hábito del tiempo, como inicialmente se titulaba, por los pocos años que tenía y que llamarlo Fosa común se acercaba a lo que quería decir, olvidando que estaba dejando un dato por fuera, un matiz que podría pasar por político cuando lo que intentaba era todo lo contrario. De manera que a los veinte años uno también ya tiene recuerdos y uno sabe que muchos de ellos son insalvables, o al contrario, los recuerdos lo salvan a uno. En el caso específico de Fosa común, una gran parte de esos poemas los escribí cuando viajé a España en 1983 y por tanto quedaba atrás mi infancia y adolescencia colombiana. Al ver lo perdido, lo que solo era recuerdo, consideré que la memoria era un gran cementerio no de nombres sino de recuerdos anónimos, de fosas comunes. Además, Laura, ten en cuenta que mi padre murió cuando yo tenía año y medio, así que cuando uno nace con una ausencia, las presencias son más difíciles. Como dice Mark Strand, no escribo para encontrar un origen sino para compensar una pérdida.

Hay una especie de discusión en los poetas. Algunos dicen que puede existir una “musa” inspiradora, pero que no lo es todo para crear, también se necesita disciplina, compromiso. Otros por el contrario, creen que sí, que la poesía implica un “algo”, esa musa inspiradora, que agarra en cualquier parte y hace surgir los versos. Tú qué dices?

Perdóname lo políticamente correcto de la respuesta pero creo que ambas condiciones son necesarias. Lo que me parece verdaderamente importante es que lo escrito, por causa de lo uno o de lo otro, mantenga un equilibrio exacto entre la

emocción, la reflexión y la escritura. No sé si recuerdas ese famoso ensayo de Auden en la Mano del teñidor -”Hacer, conocer, juzgar”- donde habla del Censor que todo escritor debe llevar dentro. Aún así, las musas deben ser oídas, como alguien quería, y también censuradas….

¿Cuál definirías como el poema más importante que has escrito. Y por qué?

Espero que me perdones el juego de palabras pero creo que cada época tiene su poema y cada poema tiene su época. Mira, alguien dijo alguna vez que uno antes de los veinte años debe escribir un gran poema, o al menos un buen poema, para poder seguir adelante. Y antes de los treinta y antes de los cuarenta. Recuerdo ahora la famosa frase de Delacroix según la cual un poeta a los veinte años es un joven de veinte años, mientras que un poeta a los cuarenta es un poeta.

Sé que todo lo que te he dicho anteriormente es para evitar contestarte, pero ya que me acosas tanto, me apuntas con el dedo cibernético, te diré que hay poemas con los cuales me siento muy a gusto: Carta rota, La soledad luminosa, y algunos de Colección privada como son los de Ginebra Benci, y el de Balthus.

También eres antologista. Ya en 1992 hiciste una antología de la joven poesía latinoamericana en Diez de ultramar. Y ahora preparas otra antología sobre poesía colombiana del siglo XX.  Y en tu antología personal, ¿cuáles son los autores que consideras más te han influenciado?

Eduardo Llanos me regaló una antología de la poesía chilena, editada en 1976, libro que todavía leo y releo, hecha por Jose Luis Martínez, si no me equivoco. Te lo cuento porque una de mis pasiones siempre han sido las antologías, no tanto como para llegar a los extremos maravillosos de Eduardo, a quien le conseguí un ejemplar de la Ultrantología, una antología del poema corto aparecida en Colombia en una edición de 300 ejemplares. Se la regalé con el gusto de que sabía que le estaba haciendo el mejor regalo del mundo. A los 18 descubrí una antología, bueno, dos, que me cambiaron la vida. La primera, la de la poesía norteamericana traducida por Cardenal y Coronel Urtecho, editada por Aguilar y la antología de la poesía nicaragüense, ésta publicada por el entonces llamado Instituto de Cultura Hispánica. No quiero detenerme en nombres pero es imposible no hacerlo… Mira, para mi Eliot, Sandburg, Laughlin, Stevens, MacLeish, W C Williams, Lowell se me clavaron en la mente como arpones. Y como lo mejor de toda antología es lo que sigue a continuación, es decir, la búsqueda individual de cada poeta, pude constatar que ese impacto inicial perduraba en sus libros. Y de los nicaragüenses, mira, hay un poeta olvidado que se llama Joaquín Pasos que es extraordinario. Su Canto a la guerra de cosas es maravilloso. Bueno, ni qué decir tiene cuando le seguí la pista a Pablo Antonio Cuadra, a Ernesto Mejía Sánchez y descubrí después a Carlos Martínez Rivas. Qué poetas, por favor!!

Y ya que me tiras de la lengua desde el ciberespacio pues te diré que Neruda, en mis inicios fue fundacional para mi, como más tarde lo fue Huidobro. Creo que todo poeta se divide en antes de leer Altazor y después de leer Altazor. Y, por otra parte, el descubrimiento, así lo fue para mi, de la poesía de Alvaro Mutis, fue una de las experiencias más decisivas y generosas y fructíferas de toda mi vida. Saber que el surrealismo no estaba en las calles de París sino en los hangares olvidados de los ríos colombianos fue algo que todavía me conmueve, saber que se podía hacer poesía con el paisaje, con la destrucción, o al revés, comprender que todo eso está repleto, rebosante de poesía. Saber que la palabra “zinc” es tan importante -y poética- como cualquier otra. Lo importante es encontrarle el lugar donde ponerla. El lugar exacto. Lee el Nocturno de Mutis y verás. “Las gotas sobre el zinc de los tejados…”

Bueno, creo que se me fue la mano, y eso que todavía no te he hablado de otra de las grandes influencias que he tenido: la generación española del 50. Me marcó y me marca, me emocionó y me emocionan, poemas de Claudio Rodríguez, de Gil de Biedma, de Barral, de Jose Angel Valente. Sobre todos los dos primeros son los poetas que creo haber leído más en mi vida. Mejor no sigo porque los que están leyendo esto se van a aburrir…  Te debo Elytis, Gamoneda, Simic, Paz, Sánchez Peláez, Enrique Molina, Strand, Teillier…

¿Me adelantarías algún nombre incluido dentro de la antología que estás trabajando para Editorial Visor?

Pedro Cote.

Foto: Pedro Cote.

Mira, lo que me pides es absolutamente imposible. Te cuento la anécdota de un poeta colombiano de los 50´s, Fernando Arbeláez, quien en 1964 hizo una excelente antología de la poesía colombiana. Veinte años más tarde alguien le preguntó la razón por la cual él vivía desde hacía tanto tiempo en Estados Unidos. Entonces Arbeláez contestó: “¿Se acuerdan que en 1964 hice una antología de la poesía colombiana…? Pues eso”.

Si te los llegara a adelantar sería preciso contar con una carta firmada por notario en la cual me asegures tú que una vez “develada” la lista me recibirás en tu casa, me alimentarás durante tres años seguidos, saldrás a comprar los bombillos para la lámpara donde leeré hasta que la cólera de los compatriotas amaine… Así que ya sabes: si te los digo debes prepararte porque en abril te llego a Santiago con mis bártulos…

Oye, Laura, otra cosa. Y esta antología es, como todas las de la colección, esencial. De manera que se llamará Antología esencial de la poesía colombiana del siglo XX. Este trabajo será el tercer número de la colección que bajo el sello de La Estafeta del viento, como sabes la revista de la Casa de América, publicará en los próximos meses la editorial Visor. Ya han salido las antologías de Venezuela y de Chile, a propósito, excelente trabajo, hecha por Julio Espinosa Guerra. Me da tristeza reconocer que desconocía muchos nombres, pero me alegra saber todo lo que me espera cuando tire del hilo de cada uno.

¿Quién o quiénes crees que son los poetas de Latinoamérica más importantes para su historia literaria?

Te digo los que ya te mencioné: Mutis, Enrique Molina, Sánchez Peláez, Teillier, poeta este que he empezado a leer desde hace unos cinco años y me parece extraordinario. Y en esa lista hay que mencionar a Borges, Blanca Varela, Eielson, Paz, Villaurrutia, Hahn, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Gelman.

Alguna vez me veía enfrentada a una discusión, en donde me decían que el hacer poesía y que la literatura en general, no podían contribuir en nada a especialmente a Colombia, un país con una situación tan compleja, que no tiene para cuando acabar. Son oficios mirados en menos. ¿Qué piensas acerca de la posible contribución social que pueda tener o no la literatura en general, en un país como Colombia?

Tu pregunta es compleja y por lo tanto la respuesta también lo será. Pero vamos por partes. No creo que la poesía en Colombia sea un oficio menor o no tenido en cuenta. He tenido la fortuna de estar dos veces en el Festival de Poesía de Medellín y las elogiosas palabras de Gonzalo Rojas se quedan cortas, he dictado talleres y conferencias, he dado lecturas en muchas partes de mi país con una convocatoria siempre impresionante, conmovedora, algo que nunca vi ni de lejos en España o Italia, o en Estados Unidos. Eso por un lado. Por el otro, me parece mucho mejor que la poesía no tenga ningún papel en el cambio de la sociedad porque dejaría de ser poesía y se convertiría en una herramienta de algo, perdiendo su pureza y su esencia.

Es muy curioso, Laura, que te digan que la poesía no puede contribuir en cambiar nada en Colombia, como si las personas que te lo preguntaran supieran cómo hacerlo. Me gustaría saber cómo ellos han contribuido y qué eficacia han tenido, para considerar a las artes en general como una condenadas.

-        Si pudieras ser un poeta, serías… Blaise Cendrars

-         Si pudieras ser una poetisa, serías… Safo (qué delicia sería el vivir al menos un día en Lesbos!!!!)

-         Si pudieras ser un poema, serías… Dygnum Est, de Elytis

-         Si pudieras ser uno de tus poemas, serías… Expedición Botánica

-         Si pudieras ser un libro de poemas, serías… Residencia en la tierra

-         Si pudieras ser un lugar de Colombia, serías… Barú

Y la última

Te gusta una mujer y un amigo en común de ambos te dice que el secreto para conquistarla es regalarle un libro, en lugar de flores, en la primera invitación a salir que le hagas. Decidido a hacerlo ¿Cuál crees que sería el libro ideal para lograr la conquista?

“Las personas del verbo”, de Jaime Gil de Biedma, sin pensarlo dos veces y sin lugar a dudas. Allí hay de todo: amor, pasión, sexo, camas, moteles, pero también viajes, lunas, estados de ánimo que coinciden con las etapas sinuosas del enamoramiento. Se respira una libertad, un cierto feliz libertinaje, acompañado por una demoledora inteligencia y una sensibilidad siempre contenida pero con alto sentido de la carnalidad. Como lo recuerda en uno de sus poemas, siguiendo a John Donne, que el misterio del mundo es el espíritu, pero el cuerpo es el lugar donde se le lee. Y esa autocompasión fingida no era más que un disfraz para enamorar, tal como el propio GdBiedma lo confesó al decir que él empezó escribiendo poesía para divertirse y que le fue cogiendo el gusto hasta que se convirtió en una adicción, para lo cual tuvo que inventarse un personaje inteligente, guapo y bebedor llamado Jaime Gil de Biedma.





Entrevista con Andrés Neuman.

30 01 2006

Laura García- Tengo la impresión de que no crees mucho en eso de “era de las comunicaciones”, que más bien piensas que lo que falta precisamente es “comunicación” o al menos lo que esa  palabra significa en esencia. ¿Es así? ¿Algo de eso querías decir en La vida en las ventanas?

Andrés Neuman. Tomado de su web www.andresneuman.com
Andrés Neuman. Tomado de su web www.andresneuman.com

Andrés Neuman- No digo tanto como que los actuales medios de comunicación nos incomuniquen, pero sí que, desde luego, no garantizan que nos comuniquemos. Y que a veces vivimos en el espejismo de creer que, gracias a la existencia de tantos medios para hablarnos, hoy tenemos mucho más que decirnos que antes. Creo que los teléfonos móviles, chats, e-mails y demás innovaciones no demuestran que hoy estamos menos solos, sino que precisamente son la prueba de que seguimos sintiéndonos solos. Umberto Eco dijo: si no hay información no hay comunicación. Es cierto que no siempre tenemos qué decirnos. Y yo añadiría: si no hay emoción o inteligencia, esa información no me interesa.

LG- Eres un autor muy versátil, vas del cuento a la novela y la poesía, con destreza, abarcas mucho y aprietas más todavía, pero al leerte me parece que escribes con más placer cuentos, ¿te inclinas más por la narrativa corta? ¿Hay una preferencia del género del cuento por sobre la novela?

AN – Es difícil decir con qué disfruto más, porque es como si me preguntas qué prefiero: si los besos, los abrazos o los mordiscos. Realmente gozo con cualquier acto de escritura, y siempre siento que en él hay algo de artesanía y algo de magia, de revelación. Además, no creo demasiado en la división tajante de los géneros. La poesía ayuda a la narrativa, le da temblor, le presta el ritmo. La narrativa le arrima a la poesía todas sus historias, sus ganas de contar, la construcción de los personajes, el orden. Y el ensayo les proporciona a ambas sustancia, conceptos, problemáticas. En el fondo creo que todo escritor se comunica con todos los géneros cada vez que escribe una página. Al menos así lo percibo yo.

LG- ¿Crees que escribir y publicar cuentos, hoy día, coincide con los gustos de los lectores modernos, no existe una preferencia tanto comercial, como literaria, por la novela?

AN- La preferencia comercial, seguro. La literaria, eso habría que verlo. Quiero decir que la mayoría de índices de venta no responden a los auténticos gustos literarios de la gente, sino al éxito o fracaso de las campañas publicitarias, de determinadas políticas editoriales o de famas coyunturales. Por supuesto, también se venden buenos libros. Eso ha sucedido y sucederá siempre: García Márquez, Saramago o Vargas Llosa venden casi tanto como Isabel Allende, Paulo Coelho o quien demonios sea. Pero, básicamente, pienso que si las editoriales tuvieran la voluntad de apostar con decisión por el hermoso género del cuento, si se molestaran en crear un catálogo coherente de buenos cuentistas y les prestaran atención, obtendrían más respuesta del público de lo que muchos creen. Cheever, Borges o Carver no necesitaron escribir novelas para llegar a infinidad de lectores, ni ningún editor insensato les dijo que los publicaría más tarde, cuando le trajeran una novela.

LG- La poesía, si estás de acuerdo conmigo, es otra cosa, prácticamente nace de esa inspiración que le da por aparecer, cuando se le antoja, sin embargo, dentro de la poesía, también tiendes a lo breve, como los haikús. Dentro del mismo género, ¿también te inclinas por esa brevedad? ¿Consideras que hay una mayor dificultad a la hora de intentar esa brevedad?

AN- Sí, la poesía es otra cosa, o es “la” cosa. Aunque no creo que la brevedad sea una cuestión de dificultad sino de pulso, de ritmo interior. Preferiría no decir: “las novelas de mil páginas son más difíciles que los sonetos”. Ni tampoco: “el haiku o el microcuento son más artísticos que las novelas de Tolstói”. Eso sería una tontería. Más bien pienso que hay personas que hablan mucho y otras que hablan poco. Gente que canta bajito y otra gente que grita. Apetitos constantes y fugaces, y otros voraces y más esporádicos. Depende del temperamento de cada cual. Tal vez el talento de un escritor consista en averiguar cuál es su ritmo, su pulsión y sus proporciones, para poder encontrar un estilo. Como dijo Rubén Darío: yo persigo una forma que no encuentra mi estilo… A mí me interesa sobre todo leer a los escritores que persiguen un estilo. ¡Pero ojo! No me refiero a los que escriben siempre igual: esos, precisamente, ya han dejado de buscar.

LG- Hay un poema tuyo, que me llevó a la curiosidad de leer tus otros libros de poesía, me atrajo especialmente por su sencillez y sensualidad, se llama “Los cuerpos”, me hizo recordar que el gran Roberto Bolaño se refirió a ti como un autor “Tocado por la gracia”, palabras por cierto muy elogiosas y doblemente valorables teniendo en cuenta quien las decía, pero, para ser “Tocado por la gracia”, ¿debiera existir una inspiración, una musa, una idea… algo, cuál es ese “algo” que te mueve a los versos finales? ¿De repente alguna mujer te ha inspirado?

AN- Bueno, lo primero que tengo que decir es que Bolaño, como solía hacer con todas sus pasiones, exageró su entusiasmo al decir eso. Aunque fueron

Andrés Neuman. Tomado de su web www.andresneuman.com

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palabras que yo le agradecí de corazón, porque además las dijo antes de conocernos. O, mejor dicho, nos conocimos gracias a que un día él escribió generosamente esas líneas en un periódico. Dicho esto, creo que sería necio pensar que la escritura y sus progresos dependen de entes superiores e incontrolables, como si la paciencia, el rigor, el oficio o la experiencia no fueran por lo menos la mitad (o más) del asunto. Pero tan necio como eso sería suponer que la escritura es un mero problema de entrenamiento o insistencia. No todo el mundo que se entrena bate un récord del mundo. No todos los futbolistas juegan igual después de una semana con idénticos ejercicios. No cualquier que estudia aperturas se convierte en Kasparov. Y supongo que con las artes sucede exactamente igual. Por eso pienso que la inspiración existe, sin ninguna duda, te hablo de una inspiración terrenal, completamente humana y carnal, por supuesto. Defínela como quieras: un temblor emocional, un momento de lucidez extrema, un golpe de suerte en mitad del caos, lo que sea. Pero existe. Y, por supuesto, sólo les llegará a quienes se sienten a menudo delante de un papel en blanco. ¿Qué nos mueve justo al finalizar un poema, al rematar un cuento, qué clase de estremecimiento nos dicta una palabra antes del punto final? No tengo ni idea, la verdad, creo que sería una pregunta casi para los neurólogos. Pero estoy seguro de que es una mezcla muy sutil entre la concentración y la distracción, entre la atención máxima y una extraña dispersión. Algo tenso y relajado al mismo tiempo. Perdón por la insistencia: como hacer el amor.

LG-. Volviendo a la narrativa, me gustaría hablar de la que, en mi concepto, es tu mejor novela: Una vez Argentina, es fácil pensar que se trata de una novela con muchos elementos autobiográficos, pero yo encuentro que más bien te recorres de principio a fin a ti mismo, y en el trayecto, recorres la historia de un país y de muchos fantasmas y a pesar de que entre las líneas se puede jugar con ese comodín que es la ficción, qué sensaciones te quedan como autor, cuando vez ese espejo tuyo y de los tuyos, vuelto novela? Había algún objetivo o ambición particular al construir esta novela?

AN.- Estoy de acuerdo en que el punto de partida autobiográfico era una excusa para empezar a bucear. Mi infancia es sólo una entre las muchas infancias que se cuentan en el libro, y hace de hilo conductor entre mi pequeña memoria y las memorias de decenas de personajes o ancestros que tuvieron una vida fascinante y a muchos de los cuales nunca llegué a conocer. Podría haber cambiado los apellidos, fingir que no se trataba de mi familia, pero estoy convencido de que la esencia de la narrativa no depende tanto de las fuentes de información objetivas sino de su tratamiento, del lenguaje, de las formas. Así que trabajé declarando abiertamente esas fuentes familiares, para dirigirme a otro asunto que me interesaba más: ¿qué es la ficción? Pienso yo que un simulacro de memoria. ¿Qué es un personaje? Pienso que un semejante posible, un prójimo imaginario. Y, ¿qué es una autobiografía literaria? Muchas veces es contar no tanto lo que vivimos como lo que no pudimos vivir, lo que no pudimos ver. Para eso contamos algo: para que suceda. Creo que nadie cuenta literalmente lo que sabe o lo que le ha sucedido, porque entonces no tendría sentido molestarse en hacerlo. La escritura sirve para preguntar, para aprender lo que ignorábamos. Incluso quien pretenda contar su vida acabará inventándola o confesando todo lo que no sabía.

LG.- ¿De esta obra, qué fue lo que más te costó decir en ella de ti mismo?

Andrés Neuman. Tomada de www.andresneuman.com

¡Qué pregunta más sagaz y más indiscreta! Digamos que varias cosas me dieron cierta vergüenza, pero sentía que debía contarlas porque el libro las necesitaba. Es mejor no decir cuáles, porque entonces, además de ponerme colorado, en cierta forma degradaríamos a los personajes de la novela y los convertiríamos en un simple reflejo de “realidades”  externas, como si una novela fuese un simple desahogo personal de su autor. Pero todo lo que se cuenta en el libro, incluyendo todo lo que allí digo de mi infancia, pretende tener un sentido más o menos metafórico y universal, más o menos relacionado con la historia del país y narrativamente útil para el resto del libro. Así que llegó un momento en que incluso el material inicialmente más íntimo se convirtió en  materia narrativa. Cuando corregía la novela trataba de pensar sólo en el efecto literario que produciría en un lector. En Una vez Argentina          hay mucho cierto y mucho inventado. ¿Qué más da? Las biografías verdaderas no existen: prueba a contar una misma anécdota que hayas compartido con amigos o familiares próximos, y verás como no hay dos versiones iguales. Afortunadamente.

LG.- Mencióname alguna (s) lectura (s) que ha sido fundamentales para ti, o bien un autor (es)

Mencionaré sólo algunos, podrían ser muchos más. De adolescente recuerdo que me impresionaron Poe, Cortázar, Girondo, Stendhal o Kafka. Más tarde me conmovieron César Vallejo, Rilke, Flannery O’Conor, Truman Capote, Carson McCullers, Arreola, Virgilio Piñera, los haikus de Issa Kobayashi, Tolstói, siempre Tolstói. Como verás, no he mencionado a Borges. Pero ha sido a propósito.

LG.- Y en la actualidad, ¿has descubierto algo interesante?

Desde luego. Supongo que me daría más prestigio decir que ningún autor contemporáneo me interesa y todo eso, pero no es así. Por decir algunos libros al azar, en los últimos años para mí fueron auténticos descubrimientos Niños en el tiempo de Ian McEwan, Nocturno de Chile de Roberto Bolaño, Hermana muerte de Justo Navarro, la Poesía vertical de Roberto Juarroz, una antología de Carilda Oliver que se llama El discurso de Eva, los cuentos completos de John Cheever, Muchacha punk de Fogwill, Una cuestión personal de Kenzaburo Oé, ¡tantos…! O no tantos.

LG.- ¿Qué estás escribiendo ahora? ¿Me darías una pista?

Para desgracia de mis lectores, amenazo con publicar en octubre un libro de cuentos titulado Alumbramiento. Y, no satisfecho con eso, preparo poemas y he empezado a escribir una novela. Eso se llama gula.

JUEGO DE SUPUESTOS

-  Si pudieras ser un libro, serías…no, no, prefiero estar al otro lado de la ficción, del lado de la vida, y después contarlo.

- Si pudieras ser un poema, serías… alguno de César Vallejo, y así viviría permanentemente emocionado.

- Si pudieras ser un lugar, serías… supongo que una playa serena.

- Si pudieras ser otro escritor, serías…Goethe o Shakespeare, pero no tengo demasiadas esperanzas al respecto.

- Si pudieras ser una canción, serías… cualquiera de los Beatles, yeah, yeah, yeah. O, concretando un poco: cualquier canción de los álbumes Revolver, Sargent Pepper, White Album o Abbey Road. Como decía Peter Handke: “Gracias, Dios mío, por crear a los Beatles”.

- Si pudieras ser un momento de tu vida, serías… ninguno, de verdad; detesto la nostalgia. El futuro, es decir el presente inmediato, siempre me tienta más que repetir o congelar ningún momento. Para congelar los instantes ya está la literatura, ¿no?

Y la última:

- Te gusta una mujer y un amigo en común de ambos te dice que el secreto para conquistarla es regalarle un libro, en lugar de flores, en la primera invitación a salir que le hagas. Decidido a hacerlo ¿Cuál crees que sería el libro ideal para lograr la conquista?

Tal vez los Sonetos de la dama portuguesa, de Elizabeth Barrett Browning; porque en ese precioso librito, en lugar de ser el poeta el que habla y habla mientras su amada calla, es ella la que dice los poemas de amor y su hombre la escucha.

SOBRE ANDRES NEUMAN

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es hispanoargentino. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde impartió clases de literatura hispanoamericana. Su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999), fue elegida entre las diez mejores del año por El Cultural. Su segunda novela, La vida en las ventanas (Espasa, 2002), fue Finalista del Premio Primavera. La tercera, Una vez Argentina (Anagrama, 2003), fue Finalista del Premio Herralde. Ha publicado los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000) y El último minuto (Espasa, 2001). Es autor de los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión) y La canción del antílope (Pre-Textos, 2003). Ha sido incluido en las principales antologías sobre joven poesía española. Es autor de la colección de haikus Gotas negras (Plurabelle, 2003) y ha traducido el Viaje de invierno de Wilhelm Müller (El Acantilado, 2003). Es el coordinador del proyecto Pequeñas Resistencias, una tetralogía sobre el cuento actual escrito en castellano en todo el mundo, encargándose de la edición del primer tomo: Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español (Páginas de Espuma, 2002). Ha preparado también la edición de la antología de Carlos Marzal Poesía a contratiempo (Maillot Amarillo, 2002). Actualmente es columnista y guionista de tiras cómicas en el diario Ideal.

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